Literatura en el XXI: Fan fiction (I)

Fan art, fan fiction, fandom, fan film, fan game, son palabras que sólo los que tuvimos (o tenemos) posters en nuestros cuartos o hemos leído más de tres veces el mismo libro, podemos entender. Hoy nos toca hablar de uno de los fenómenos más increíbles vinculados a este fanatismo: el fan fiction.

Fan fiction significa ficción de fans. Estas historias escritas por fanáticos responden exclusivamente a la necesidad de crear historias cuyos actores principales sean los protagonistas de sus películas, series, animes, juegos o libros favoritos. Desde Harry Potter hasta Sailor Moon, de Tomb Raider a The Big Bang Theory, ninguna ficción, sin importar su origen, queda libre de ser reescrita o utilizada por los fans como materia prima de las vueltas de su imaginación.

¿Cuál es el motor que lleva a los consumidores a crear historias de ficción sobre una ficción? Las respuestas son muy personales y no podemos responder una generalidad. Muchas veces lo que se busca es aplacar las ansias o proponer realidades que sólo existen en las cabezas de los seguidores, tal es así que Draco Malfoy y Hermione Granger han sabido ser los más apasionados amantes e incluso hemos leído Universos Alternos que permiten a los autores de estas historias escribir sobre la vida amorosa entre Sherlock Holmes y John Watson. Cuando Harry Potter se estaba escribiendo y Rowling nos tenía a todos ahogados en nuestra desesperación por nuevas publicaciones, muchas historias nacieron como continuaciones. El ansia de un fanático es insostenible.

¿Es esto legal? No, no lo es. Los copyright especifican que no puede haber reproducción parcial o total de las obras, pero oponerse a una acción de fans para fans que sólo logra alimentar la necesidad de consumir películas, llaveros, obras de teatro, tv por cable o internet, parece absurdo. No hay demasiada lógica en poner en contra a un consumidor. El fandom es peligroso, no es sabio ponerlo en contra. Por esta razón, dependiendo el autor de cada historia tenemos quienes buscan prohibir estas prácticas y quienes entienden el fin último de cada una. Seguir leyendo “Literatura en el XXI: Fan fiction (I)”

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Biblioteca de ciencia ficción hispana – Los invertebrables, Oliverio Coelho (2003)

  

 “Todos los rastros de humanidad se
descompusieron. Quedaron trenzas
de aire…”

        Siempre es bueno ver cómo un escritor construye un mundo. No hablo del mundo construido en sí, en el que el lector cree y se adentra, sino más bien del proceso, la gestación desde partículas mínimas y casi caprichosas hasta ese entramado final en el que cada clavo parece estar en su sitio. Mucho de eso hay en la Trilogía del Futuro de Oliverio Coelho. Un espacio claustrofóbico con mucho de neblinoso, de indefinido, donde es la sugerencia la que lo promete todo, mientras con el correr de los libros vemos que las cosas toman forma, que el escritor de a poco se la juega dándole nombre y sentido a todo eso que gira.

       Los invertebrables es la primera parte de la Trilogía. En él nos ubicamos en un departamento mínimo dentro del cual viven tres personajes que poco tienen que ver entre sí más allá de las dependencias y necesidades que comparten y los odios y rencores que solo la máxima de las intimidades puede dar. Los tres son parias biológicos. El Estado, que parece ser que en el futuro es total y bastante eugenésico, se ocupa de “normalizar la humanidad” mediante la exclusión de todos aquellos que no cumplan con los requisitos del modelo humano prototípico. Es de esta manera que el narrador protagonista, junto a sus compañeros de vida, son derivados a los Territorios Paralelos, una zona de marginación absoluta en donde la gente vive encerrada en sus cuartos mientras las calles son tomadas por criaturas bestiales, a veces humanas y a veces no. Los tres son discapacitados: el narrador está postrado en una silla de ruedas, Fermín es ciego y Benito es un hipocondríaco y un disminuido espiritual. A partir de este planteo inicial la novela, que se desarrolla casi en su totalidad dentro de esta habitación, toma la postura pesimista, algo arltiana, que defenderá durante todo el relato: los marginados, aquellos reducidos por un poder opresor a los escalones inferiores de la humanidad, no buscan más que imponer su orgullo individual marginando a sus iguales. Toda la novela gira sobre la posibilidad siempre frustrada de construir comunidad, un encuentro productivo con el otro que es también igual a mí. Seguir leyendo “Biblioteca de ciencia ficción hispana – Los invertebrables, Oliverio Coelho (2003)”

Viruta y Chicharrón y las primeras historietas argentinas

A principio de siglo xx, Viruta y Chicharrón eran personajes tan famosos como lo son Mafalda, Enriqueta, Gaturro o Clemente hoy en día. Los chicos usaban sus disfraces en los desfiles de carnaval, los músicos le dedicaban canciones y las empresas de cigarrillos los utilizaban en sus campañas. Caras y Caretas, la revista en la que sus aventuras salían publicadas, los utilizó más de una vez en su portada que, por lo general, estaba reservada a personajes de la política. Así de importante fueron para la gráfica y lo siguen siendo para el estudio del desarrollo de la historieta en nuestros medios.

Las aventuras de Viruta y Chicharrón representaron durante mucho tiempo la introducción de un nuevo modelo de desarrollo de la historieta. Por esta razón fue considerada la primera historieta argentina moderna. Ese sostenido error fue corregido en esta última década, pero sus esquirlas aún se esparcen.

Ensayos recientes suman datos al error. Dicen, por ejemplo, que Viruta y Chicharrón fue la primera historieta publicada en Argentina (Torre, 2014: 9). Sin duda quienes realizan este tipo de afirmaciones lo hacen por una de estas dos razones: tienen una concepción de la historieta ligada al modelo del cómic norteamericano o desconocen las publicaciones de principio de siglo xx en Argentina. Vale aclarar que en nuestro ámbito son pocas las investigaciones sobre la historieta y, de ellas, una pequeña cantidad puede hacerse cotejando directamente el material de los primeros años del siglo anterior.

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Sarrasqueta (1913). Historieta didascálica.

De ese modo, resulta fácil entender la negación de material publicado en revistas tales como PBT, Tit-Bits o El Hogar. A su vez, esto lleva a desconocer una modalidad de la historieta que, si bien sigue vigente, no predomina. En esto podemos notar un problema central: estos ensayos no sólo no explicitan una definición de la historieta, sino que tampoco se preguntan ¿qué es la historieta? Es así que excluyen a una gran parte de la producción local en la búsqueda de modelos similares al que se consolidó en la prensa norteamericana.

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Décur. Historieta didascálica actual.

Sobre este punto cabe decir que, a principios de siglo xx, el público argentino conocía dos formas de la historieta: la europea (o didascálica) y la norteamericana (o moderna). La primera supone un discurso compuesto en dos planos complementarios: el dibujo acompañado por un epígrafe que lo aclara; el moderno, el cómic, supone la composición de una viñeta que integra dibujos y texto. Al menos desde 1907, la publicación de este segundo tipo se hizo regular en los medios gráficos locales (Gutiérrez, 2014: 77-78). Seguir leyendo “Viruta y Chicharrón y las primeras historietas argentinas”

Literatura en XXI: Prólogo

   

    Los libros, las revistas, los diarios, los folletines, fueron algunas de las formas más populares de comunicación literaria años atrás. En algún momento de este siglo creímos que podían llegar a desaparecer ante los pasos de gigante que fue dando el monstruo llamado Internet, los más apegados al papel temblamos de terror en nuestras casas y corrimos a decirles a nuestros libros que iba a estar todo bien, que no los íbamos a abandonar.

    Pese al terror momentáneo eso no ocurrió, los libros se siguen editando y vendiendo (algunos a precios malévolamente elevados, hay que aclarar) y aún existen revistas que nos recuerdan lo genial que es leer una publicación con distintos textos, cuentos, poesías, palabras que dan saltos de alegría al verse impresas. Pero lo cierto es que abrir Chrome o Firefox es algo más común que abrir un libro, dar vueltas por el mundo online es algo cotidiano. Por suerte, gran parte de los que escribimos entendemos que tenemos que acoplarnos a las nuevas necesidades y ofertas. Decirle que no a un blog, a una página de Facebook o a un libro que se puede leer desde una Tablet es una opción, pero lo real es que sería algo así como tomar un Fernet con Pepsi: una locura total.

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Biblioteca de ciencia ficción hispana – Plop, Rafael Pinedo (2002)


Plop. Rafael Pinedo.

“Contaban que una vez había estado varios días, con sus noches, cuidando a un chico enfermo cuya madre había sido reciclada.
Al cuarto día había dicho:
—No se cura —y se había puesto a despellejarlo. Los gritos habían atraído gente, que le había preguntado por qué no lo sacrificaba primero.
—No me di cuenta —había contestado.

    Blanchot alguna vez dijo que el hombre es lo indestructible y que por eso mismo su destrucción puede ser infinita. No se puede leer Plop sin pensar en Blanchot. La novela cuenta un mundo al que no le queda otra cosa más que su propia devastación. Un mundo por el que todavía camina el hombre pero al que todo le es hostil: el agua y la tierra están contaminados, los animales mutaron y son todos mortales, las enfermedades están por doquier, no hay comida, siempre llueve. Y basura, totalidades de basura. Como si lo que quedara fuera el residuo de lo que alguna vez pudo ser un mundo habitable para una vida digna de ser vivida.

    En algún momento ocurrió algo. No se dice qué, pero se dan pequeñas pistas. Esto que ocurrió dejó el mundo convertido en una inmensa llanura cuyo paisaje solo se ve interrumpido por montañas de basura. Allí, los humanos que quedaron se organizaron en pequeñas comunidades nómadas, cada una con sus propias normas y ritos y códigos propios pero con una finalidad compartida: la supervivencia. Hay cosas que ya no están. Los vínculos afectivos (no hay familia y de la amistad apenas queda un resabio mínimamente marcado) devinieron en encuentros carnales sin distinción de género, edad o rango social; la moral se redujo al pragmatismo; el pensamiento abstracto en la plena conciencia material del instante. Otra cosa que ya no está es la idea de un cuerpo humano normalizado. Las mutaciones, las degeneraciones físicas y mentales, las amputaciones de miembros, son la norma, dando cuenta no solo de una carencia, de una insatisfacción constante, sino también de que los cuerpos, la vida, siempre pueden ser otra cosa. Por lo demás mucho sexo, mucha violencia. Y si bien una primera impresión de este mundo nos haría pensar en salvajismo, animalidad o barbarie, nada de esto hay en Plop. Lo que la novela expone es a la vida reducida al deseo de garantizar su propia conservación.

    Plop cuenta dos historias. Por un lado la de ese mundo absolutamente distópico, donde los humanos, reducidos a un número menor, abandonaron cualquier forma de estructura social sedentaria y se organizaron en comunidades nómades. La otra historia que se narra es la de una ambición: la de Plop, protagonista de la novela, nacido en el barro y nombrado así por el sonido que hizo al chapotear en el parto. La aventura de Plop es la clásica historia de aquel que, nacido en la mayor de las miserias y el anonimato, asciende a través de su estructura social mediante todo tipo de astucias. Esta segunda historia es, en relación a la primera, corte y aumento de apuesta: allí donde el deseo se anula a sí mismo en el ansia de sobrevivir (el contradictorio conatus de Spinoza, donde desear no es salirse de sí sino perseverar en el ser) aparece eso otro que es el deseo de más.

    Párrafo aparte merece el estilo narrativo de la novela. Una textualidad híper sintética, concreta, materialista, cruda, de oraciones simples y muchos puntos, como si no hubiera espacio para nada más. No hay prácticamente desarrollo de personajes. Faltan o se improvisan nombres, cualidades, rasgos distintivos. Como si la humanidad se hubiera homogeneizado en la búsqueda de satisfacer necesidades básicas y el único sistema jerárquico que la dividiera se pudiera establecer en la fuerza o debilidad para garantizar esta satisfacción.

    Plop es, a mi parecer, una novela perfecta. Capítulos cortísimos, una prosa concisa, dura. Pinedo encara la ambición de construir un mundo, quizás el último, y lo hace sin que sobre una sola tuerca. Pesadillesco, pesimista, pero dejando espacio para la oportunidad de la empatía, el mundo que nos deja Pinedo nos ofrece una visión de lo que nos queda cuando ya no nos queda nada.


Luis Pisani, persona de Ituzaigó que escribe y hace cosas. Tiene un blog: Antropomagen.

A control remoto

    Dirigido a aquel púbico que vive detrás de una sociedad de consumo:

    Apagá la tele y empezá a combatir el humo en el que día a día ésta sociedad nos va sofocando. A vos, sí, sí, a vos que teniendo dos manos, dos ojos y una boca para expresarte y abogar a favor de la necesidad de los demás, te inculcaron que puertas adentro todo es mejor, que hay que subir el volumen de la radio mientras en la casa vecina sucede una carnicería, que mires para el costado porque si no también podés salir perjudicado.

    Ahí donde sea que estés, no abrás los ojos para leer estás palabras, ni los oídos para escucharlas, abrí el corazón y ayudá a pasar la voz, a desempolvar la conciencia social. Porque si empezáramos afirmando los primeros pasos de generaciones futuras con unos principios que pongan al mundo a caminar por la misma vereda, sin hacer tropezar al prójimo, hoy en día un montón de vidas que fueron quitadas, estarían junto a nosotros.

    Si te hace falta manejar, invertí en un auto no en intimidar y presionar las decisiones de los demás; si lo que deseas es jugar hacelo con viejos juguetes de la infancia y no con la psiquis humana; si te sobran las palabras y el coraje suficiente como para acosar a alguien indefensa y hacerla sentir un objeto, dejame que te diga que no somos un Play Station, no venimos con un joystick para ser manejadas ni tampoco tenemos porque volver a nuestras casas  a un ritmo desesperado como en una persecución de videojuego; si lo que querés es sentir seguridad, ocupate de tu autoestima porque la autosuficiencia nos sobra para elegir cómo vestirnos nosotras mismas; si sos un gran ”administrador” gestioná una Pyme, porque las decisiones en un hogar las toman más de uno. Seguir leyendo “A control remoto”

Poemas – Hernán Fernando Tenorio

12.

 

¡Te hablo, Guitarra!

 

Quiero convocar a tu espíritu

para que se deslice

en una proyección canora,

por la acústica,

la magia del sonido

 

como el rayo carbónico

petrificado en las gotas

que estalla y se fractura,

la distorsión de los pedales de efectos

es el lamento de la electricidad atormentada

 

“Doble distortion a fondo”

y es como vidrios chirriando

el ruido,

nido de águila agorera…,

le corta el paso

 

pero,

finalmente,

es acorralado por las melodías.

 

(Hernán Tenorio. En: Guitarra nocturna. El ojo del mármol, Buenos Aires, 2013)

 

La zamba

 

no nimba ni zumba

la zamba de una esperanza rota

el solo hecho de estar cruzando un tambo

cuando un tambor repiquetea al viento

la polvareda ajena y el poncho del caudillo

cuchillo borgeano y mentiras

 

un día se desmadra en cuanto silencio anda caminando

y oliendo a bosta de animal pampeano

la salvajada toda al descubierto

con la carne pa’ el asado

desangrándose el atardecer

ni bien comienza a caer

el sol

y el repique del bombo

y el bobo que sigue aguantando…

la puta madre.

 

(Hernán Tenorio. En: Lados b. Inédito. 2014)

  

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Hipocresía -Anónimo

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A través de un velo de mentiras, ocultas tu verdadera intención.

No me atrevo a intentar disuadir tu opinión, eso me costaría tu ira.

Pero aún así encuentro la necesidad de expresar que no convences a nadie con tu tono de superación.

La Independencia emocional no figura en tu guía.

Te acobardas ante el primer indicio de soledad.

También creo en tu fortaleza, pero tenés que aceptar que no nacimos para estar solos.

Cada vez que repetís una y otra vez que estas bien así, que no necesitas a nadie más, te contradecís a los dos segundos escribiendo que querés romance o simplemente que estás buscando afecto con desesperación.

Es más, llorás a escondidas porque sabés que lo que querés no lo podés conseguir y aun así elegís seguir mostrando el mínimo interés, diciendo a los demás que no te importa, utilizás cuanta mascara este a tu alcance, te mentís.

No te niegues la posibilidad de probar, podemos errar y reparar.

Pero no intentarlo, eso sí sería un desastre.  Superar, dejar, sin olvidar lo que sentimos y avanzar.

Pero ahora y para terminar, no voy a hacer que pierdas más el tiempo, deja de hablarle a este espejo, y empezá a vivir la realidad.


Autor: Anónimo, estudiante de Periodismo en la Universidad de Lomas de Zamora.

​En un toque llego- Alan Cabral 

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Kevin  se sentó a comer cuando se escuchó el primer ruido de tormenta. Su mama se levantó rápido a tapar los espejos. Se acercó a la escultura de la Virgen de los Pasos, la toco y se persignó. Rezó una oración silenciosa mientras Kevin terminaba su plato. Vibró su celular, el Nene Rubio le mandó un mensaje con un signo de interrogación. Kevin  tomó de un trago el vaso de Coca Cola y dejó el plato en la mesada. Le dio un cálido beso en la cabeza a su devota madre y salió. La mujer abrió la puerta y le gritó, tenía en su mano un paraguas. Andrés lo agarró y le dio un fuerte abrazo. Todavía no empezaba la tormenta de proporciones bíblicas pero Kevin abrió el paraguas y se fue pateando en dirección al centro de la ciudad.
Salí corriendo, decidido a encontrarte. / ¿Me buscaste? / Toda la vida.

No hay que usar el teléfono mientras caminas. Cuando caminas tenes que tener la cabeza alta, con la pera paralela al piso, doblar las rodillas, mirar ambos lados antes de cruzar la calle, un pie adelante del otro, talón, punta y así repetir hasta llegar al punto de llegada. No hay llegadas porque no hay líneas. Andres no puede pisar las líneas del piso, ni las divisiones de las baldosas ni las partes rotas del asfalto. No le gustan los árboles que con sus raíces rompen las veredas. No le tiene miedo a los perros pero si a pisar líneas. Los miedos no se pueden controlar, por eso asustan tanto.

Voy a tardar en llegar, sabes que camino lento. / No importa, estoy bailando para esperarte.

Andres no gritaba de miedo, pero si había una línea que no podía cruzar cerraba los ojos y saltaba. Cuando cierra los ojos todo desaparece. Todo se vuelve blanco. No negro. Negro es cerrar los ojos por miedo. Cerrar los ojos por valor es blanco. Un poco de viento le volaba el pelo. Se tapó con el paraguas. Tuvo la sensación de que iba a salir volando.

Como Mary Poppins. / Supercalifragilisticoespialidoso. / Esa es una palabra importante.

Llego a unas vías. Vio venir un tren. Tal vez el último. Imagino la posibilidad de que ese fuera el último tren del mundo, de que sus vías le den la vuelta al planeta y que nunca se detenga, que cuando la humanidad se haya extinto aun seguirá pasando a esa hora el último tren, sin nadie que viaje, sin estación para parar. Pero la gente lo seguiría esperando, pensó. Se paró en las vías. Sintió la vibración. Sonó una bocina, no para que él se mueva, sino para para avisa que venia, porque la barrera de la calle hacía años que no bajaba, no había nadie que la baje. Había una pequeña casita de indigentes donde antes estaba el lugar de los guardabarreras. Le saco una foto al tren. Se la envió al Nene Rubio mientras terminaba de cruzar la vía. Sintió la velocidad del tren en su espalda. Tuvo miedo de que la fuerza inentendible del movimiento lo arrastrara bajo las rudas y lo despedazara. Después la lluvia limpiaría sus entrañas de las vías y nadie se enteraría jamás de su muerte. Le mando la foto al Nene Rubio.

Las vías son líneas. /Sí, son caminos/ ¿Cuándo vas a llegar?

Todavía faltaba mucho para que Andrés llegara al centro de la ciudad, a la casa del Nene Rubio. No iba a llegar antes de la lluvia. Sino al revés. La lluvia lo iba a llevar a él por unas vías nuevas.


Autor: Alan Cabral, estudiante de la carrera de Letras de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora