Diagnósticos | Agrimbau – Varela

En ocasiones, como sucede también en otra artes, los autores de historietas se valen de la reflexión sobre los códigos propios de su lenguaje a fin de utilizarlos como partes constitutivas de sus obras. En general, este tipo de trabajos se reduce a un ejercicio de estilo, casi un boceto, o a una obra híbrida que no llega a apreciarse como una verdadera experiencia narrativa. Experimentar con un lenguaje para desarrollar una obra original nunca es sencillo, pero a veces aparecen artistas que logran un trabajo a la altura de sus pretensiones. Con Diagnósticos, Diego Agrimbau y Lucas Varela logran sortear exitosamente el desafío al ofrecernos un trabajo en el que el lenguaje de la historieta puede ser tomado como “personaje”.

Diagnósticos

Los autores trabajaron en Diagnósticos durante su residencia en “La Maison des Auteurs” de Angulema, Francia. El proyecto suponía crear un libro con seis historias cortas sobre transtornos mentales protagonizadas por seis personajes femeninos. El relato se valdría de los códigos propios del lenguaje de la historieta, al tiempo que se alejaría de los modos clásicos y la visión externa. En consecuencia, la dupla autoral trata cada caso desde un género en particular. En ese sentido, utilizaron temas como la ciencia ficción, el policial negro o la crónica intimista, entre otros, para abordar cada una de las patologías.

Agnosia, Claustrofobia, Sinestesia, Afasia, Akinetopsia y Prosopagnosia son las seis patologías abordadas en el libro.

Agnosia 1

En “Agnosia” (incapacidad de reconocer los objetos por sus cualidades, aunque las funciones sensoriales estén intactas) nos introducimos en la percepción de Eva. En este relato, la frontera entre la representación interna y el mundo exterior se torna porosa, al tiempo que las viñetas superponen información que permiten cuestionar la relación entre el significado de las palabras (a veces distorsionadas) y el significado del dibujo.

Claustrofobia

En “Claustrofobia” (miedo mórbido a permanecer en espacios cerrados), es el espacio de las “cuatro malditas líneas” de cada viñeta y, por extensión, de toda la página lo que oprime a Soledad. El personaje se asume como ficticio e intenta escapar, primero del papel, y luego de la narración, pero entiende que eso ya no depende de ella sino del lector. Seguir leyendo “Diagnósticos | Agrimbau – Varela”

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Viruta y Chicharrón y las primeras historietas argentinas

A principio de siglo xx, Viruta y Chicharrón eran personajes tan famosos como lo son Mafalda, Enriqueta, Gaturro o Clemente hoy en día. Los chicos usaban sus disfraces en los desfiles de carnaval, los músicos le dedicaban canciones y las empresas de cigarrillos los utilizaban en sus campañas. Caras y Caretas, la revista en la que sus aventuras salían publicadas, los utilizó más de una vez en su portada que, por lo general, estaba reservada a personajes de la política. Así de importante fueron para la gráfica y lo siguen siendo para el estudio del desarrollo de la historieta en nuestros medios.

Las aventuras de Viruta y Chicharrón representaron durante mucho tiempo la introducción de un nuevo modelo de desarrollo de la historieta. Por esta razón fue considerada la primera historieta argentina moderna. Ese sostenido error fue corregido en esta última década, pero sus esquirlas aún se esparcen.

Ensayos recientes suman datos al error. Dicen, por ejemplo, que Viruta y Chicharrón fue la primera historieta publicada en Argentina (Torre, 2014: 9). Sin duda quienes realizan este tipo de afirmaciones lo hacen por una de estas dos razones: tienen una concepción de la historieta ligada al modelo del cómic norteamericano o desconocen las publicaciones de principio de siglo xx en Argentina. Vale aclarar que en nuestro ámbito son pocas las investigaciones sobre la historieta y, de ellas, una pequeña cantidad puede hacerse cotejando directamente el material de los primeros años del siglo anterior.

Sarrasqueta
Sarrasqueta (1913). Historieta didascálica.

De ese modo, resulta fácil entender la negación de material publicado en revistas tales como PBT, Tit-Bits o El Hogar. A su vez, esto lleva a desconocer una modalidad de la historieta que, si bien sigue vigente, no predomina. En esto podemos notar un problema central: estos ensayos no sólo no explicitan una definición de la historieta, sino que tampoco se preguntan ¿qué es la historieta? Es así que excluyen a una gran parte de la producción local en la búsqueda de modelos similares al que se consolidó en la prensa norteamericana.

decur
Décur. Historieta didascálica actual.

Sobre este punto cabe decir que, a principios de siglo xx, el público argentino conocía dos formas de la historieta: la europea (o didascálica) y la norteamericana (o moderna). La primera supone un discurso compuesto en dos planos complementarios: el dibujo acompañado por un epígrafe que lo aclara; el moderno, el cómic, supone la composición de una viñeta que integra dibujos y texto. Al menos desde 1907, la publicación de este segundo tipo se hizo regular en los medios gráficos locales (Gutiérrez, 2014: 77-78). Seguir leyendo “Viruta y Chicharrón y las primeras historietas argentinas”

Magras anécdotas – Emiliano Pascal

EE

En un lenguaje extraño

como el desierto

sin toxinas, sin velocidad

sin ruido,

vos podés escribir lo que quieras

cambiar de nombre,

vivir afuera.

¿Y para qué?

 

Nota al pie

I

Veo la mesa interrumpida

por las ciento treinta páginas

que traducen una frase de adiós.

 

Debo admitirlo.

Berta, como tantas otras veces,

ha venido.

 

Imagino

sus ojos tranquilos y secos

en la cara ancha y redonda.

 

Imagino sus manos,

sus pasos, la puerta.

 

No hubiera hecho nada

al verla entrar.

 

Sin duda por eso,

Berta mira la mesa,

no quiere quedarse,

no quiere irse,

no quiere admitir que eso

es exactamente lo que siente.

 

II

La vieja

cruza las manos

y reza en voz baja.

 

El viejo se asoma, la mira

no va a reprocharle

la idea de su muerte inesperada

ni la forma que eligió para morir.

 

Acaso los una un sentimiento

del tipo impersonal.

Porque nadie puede vivir

con el paso del tiempo,

la humedad en las paredes

y los agujeros en las sábanas

sin reducir al otro

a una imagen inocua,

para siempre segura

en la neutra memoria.

 

El hombre canoso y triste,

junto a la ventana,

mira el mundo y se pregunta:

¿quién ha de continuarlo?

 

III

 

En los últimos meses

se permitió dejar pasar

los recuerdos que emergen

en magras anécdotas

(lo mal que comía,

la mujer que ya no quiso

salir de su pieza,

el hombre de la lucha suicida),

como dejó pasar otras cosas

(una nubecita de polvo,

una carta sentida

que no iba dirigida a él)

que eran parte de algo

indescifrable.

 

Ahora sonríe,

le resulta fácil.

En algún cajón de su escritorio,

una carilla suelta,

que hace una noche escribía,

repite de principio a fin

con letra de sonámbulo:

«¿quién ha de  pagar

los gastos de entierro?»

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¿Por qué escribir? – Emiliano Pascal

Preguntarse “por qué hacer x” supone insertarse en la búsqueda de aquello que lo motiva. En ese sentido, asumir el interrogante “¿Por qué escribir?” implica que aceptemos que hay un motivo para desarrollar esa práctica y que, quizá, si lo explicitamos ya no parecerán absurdas las páginas que llenan los novelistas ni vanos nuestros intentos por conseguir, al menos, una línea decente. En cambio, no escribir carecerá de justificación.

El problema, como siempre, es múltiple; pero aceptemos estas dos caras como sus dos mejores expresiones: por un lado, la obviedad de que no existe un único motivo que nos impulse a tomar la pluma; por el otro, el hecho de que no deberíamos aceptar que todos pensamos lo mismo cuando leemos la palabra escribir.

En esto pretendo ser breve, porque ya toda una caterva de estudiosos ha escrito sobre el tema. Hay una forma de escritura que está vinculada con el dominio del otro: sea a través de discursos judiciales, publicitarios o, incluso, artísticos. Existe toda una tradición que enseña cómo lograr movilizar a una audiencia.

Pero hay otra forma de entender a la escritura, tan interesante como aquella, pero miles de veces más sobrevalorada o, desde otro enfoque, subestimada. Hablo de la escritura lúdica que hacemos para recordar (la dulce y fresca risa de esa chica en el andén), para intentar entender (la fugacidad del amor ferroviario), para poner las cosas en perspectiva (es muy probable que no haya sido un amor de ida-vuelta). Una escritura que, incluso cuando inventa (Analía llega a la estación todos los días a las corridas…), arrastra en cada palabra nuestra propia memoria. Una escritura que más de una vez nos ubica en el lugar del otro. Seguir leyendo “¿Por qué escribir? – Emiliano Pascal”