Perfecta – Ciro Galeano

Usa tacones para disimular su altura,
aunque su estatura real, es perfecta.
Perfuma sus alas para salir a volar, con una fragancia a vida, que inspira cada letra de estas líneas.

Construye murallas para protegerse, tan altas como los andes, y tan duras como la roca, y en su interior alberga manantiales de belleza infinita, que brotan de forma esporádica para deleitar a quien tenga el privilegio de acceder a ellos.

Pinta sus labios con un color fuego, que hace arder en llamas a cualquier incauto que se le aproxime.
Hechiza personas con sólo una mirada de sus sutiles ojos verdes, dejándolos completamente absortos, vulnerables, sumidos a la magia emanada de sus pupilas.

Sonríe, brilla, ilumina.
Todo, con un simple movimiento de su boca.

Yo la observo pasar una vez más, con una taza de café, y la ñata frente al vidrio…

“La música”

Le decían “el abuelo del mundo”. Hilario, se dedicaba a coleccionar los años. Cada vez que cumplía uno, se acercaba al baúl de sus recuerdos y lo guardaba. Así, fue coleccionando tantos, que ya no llevaba la cuenta.
Las heridas del tiempo le surcaban el rostro y eran un fiel reflejo de las arduas batallas en las que había peleado.

Don Hilario siempre decía que cuando llegara su momento de abandonar el mundo de los mortales, quería irse viajando.

Le pidió a tito, su compadre, que le tocara una cueca de su Santiago querido. Los dedos bailaron sobre las cuerdas y arrancaron una melodía mágica que hechizó el ambiente con un aire nostálgico, plagado de recuerdos de la infancia, de la vida de Hilario.

La música esbozaba imágenes a color, sacudiendo así el polvo de su memoria y le permitía viajar a través del tiempo haciendo escalas en sus momentos de gloria.

Acorde tras acorde, sentía que flotaba en medio de un océano que lo invitaba a navegar, más allá del horizonte.

Al llegar el final del improvisado concierto, notaron que estaba tieso, inmóvil. Intentaron despertarlo, pero no respiraba. Se dieron cuenta que había fallecido.

Sus ojos cerrados y una sonrisa complaciente, lo delataron.
Se fue viajando, como él quería.

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Los inmortales – Emmanuel Argüello

Lo hablaba con el Flaco, la otra vuelta, en una de nuestras interminables y acaloradas discusiones filosóficas. Una botella de whisky por medio, el flaco prendía un cigarro, mostraba los dientes y se reía una vez más de aquel mensajero huesudo que andaba tras sus pasos. Luego de servirme un trago, le dije:

– Alguna vez soñamos con ser inmortales.

– Solo los que le temen al abrazo de la parca, pueden soñar con vivir para siempre.

– ¿Acaso vos no le tenés miedo a la muerte?

-Los inmortales no le tenemos miedo a la muerte. Le tenemos miedo al olvido. Esa es la verdadera muerte.

BIBLIOTECA DE CIENCIA FICCIÓN HISPANA Promesas naturales, Oliverio Coelho (2006)

“como si las múltiples vidas que lleva una mujer
se relevaran en la conciencia de la materia y
desvistieran los cimientos de un hombre”

Promesas naturales está bueno. No sé qué clase de reseña empieza así, pero hay que decir lo que hay que decir y esta novela se lo merece. Final de la Trilogía del Futuro de Oliverio Coelho, Promesas naturales no solo termina de definir un mundo que hasta entonces íbamos construyendo de a pedazos sueltos (la novela comienza incluso con un mapa de la ciudad en donde las distintas clases sociales se dividen y organizan) sino que es también la más narrativa de las tres. La exploración introspectiva y claustrofóbica de las neurosis de los personajes queda un poco al margen y el centro lo ocupan recorridos, encuentros, acción y cierta intriga.
Esta novela es, también, quizás, la más optimista de la trilogía. Si Los invertebrables y Borneo comienzan en el encierro (real o psíquico) y concluyen ambas en una apertura a lo desconocido, Promesas naturales continúa allí donde las otras se quedaron para desentrañar qué es eso otro que hay afuera. Bernina, protagonista, se escapa de los Territorios Paralelos con dos bebés encima. Uno de ellos es Odiseo, el bebé mutante no-nato que le habita el útero desde hace años como un acontecimiento siempre a punto de suceder, siempre avisando, pateando, pero que no ocurre. El otro es Ungi, un muñeco que Bernina lleva en una caja. Con ambas extensiones de una femeneidad informe encima, la protagonista retorna al Estado que le expropió la identidad al nacer y la exilió a tierras marginales. Allí el Ministro le ofrecerá una identidad nueva dentro del dispositivo estatal (una que no es esa irrecuperable, imposible, que le quitaron en su nacimiento, ni tampoco esa falsa, Bernina, que le impusieron al adoptarla) y cuidados médicos para un parto controlado a cambio de que actúe como espía en los Territorios Paralelos y traicione a los ilotas con los que se crió. Es en este dilema que el personaje bailará como un péndulo.
En los idas y vueltas de Bernina, la novela arma su contrapunto biopolítico entre dos formas de vida. Por un lado, la del dispositivo estatal, donde todos sus integrantes son idénticos, hermosos y perfectos, cuyos cuerpos, resultantes de mecanismos médicos omniabarcativos y absolutos, viven capturados en una burocracia total. Por el otro lado están los Territorios Paralelos, espacio de marginalidad estratificado por las distintas configuraciones corporales de sus habitantes, jerarquizados en una cadena alimenticia y de explotación caníbal. Los contrastes continuos se reducen a dos formas de entender la salvación de la humanidad: la conservadora, en el imperativo del Estado de salvaguardar y restaurar cierta noción de un humano original, y la radical, la de los Territorios Paralelos, que desreconoce una forma humana prototípica y entrega la vida a los impulsos del devenir. Bernina no se queda con ninguno de los dos, y entre las múltiples aristas que le encuentra al dilema hay dos que merecen la atención.
Una de ellas tiene que ver con el deseo. Si en los Territorios Paralelos se encuentra la falta de límites que permite la proliferación de la vida, la belleza está realmente en los hombres perfectos del Estado. La novela no se mete con si el gusto es o no una construcción social; prefiere dejarle a Bernina el gesto sincero aunque autoboicoteante de enamorarse de cada uno de los individuos perfectos y castrados del Ministerio (es notable que no pare de encontrar “pretendientes” entre aquellos que alguna vez le quitaron la identidad). Sabe que en los Territorios Paralelos el encuentro está vedado, no por la sexualidad, que se da sin tapujos, sino por el sentimiento de ajenidad con la informidad del otro.
El otro asunto tiene que ver con la lengua. En oposición al lenguaje verborrágico de la burocracia estatal, que dice mucho para no decir nada, los Territorios Paralelos se presentan como un “Paraíso Alternativo” donde los humanos, salvo por los ilotas -exiliados del Estado-, encontraron la forma de comunicarse sin palabras. Un lenguaje paraverbal que solo dice lo necesario, lo esencial. Bernina, quien posee el lenguaje del Estado, encuentra allí que la palabra es la disidencia de la disidencia. Si, por un lado, es un artefacto administrado por el poder (el Estado), por otro lado es también el medio por el cual los humanos pueden reinventar y reinventarse (¿cuál otra es, sino, la definición de poesía?). Coelho aquí parece adscribir más a Burroughs que a Marcelo Cohen: la palabra está atravesada por el poder; una comunidad emancipada solo se puede dar en tanto haga abandono de ella y encuentre otras formas de comunicarse (la danza, el canto). No hay política en los sujetos individuales.
Un detalle significativo nos viene bien para cerrar. ¿Qué pasó con los animales? Si en Los invertebrables andaban sueltos entre la zoología urbana de la ciudad y en Borneo habían mutado en formas salvajes e irrecuperables, en Promesas naturales, un futuro aún más lejano, hace rato que se encuentran extintos. No queda más vida animal que la humana. Ahora bien, eso que es una clausura es también una invitación. Solo en los Territorios Paralelos, allí donde habita lo anormal, lo variado, lo múltiple y siempre distinto, es donde puede surgir esa vida nueva que sea promesa de un futuro diferente.

​El gran Blanco- Erik Coria

¿Qué es eso en el cielo? 

¿Es un pájaro?

¿Es un avión? 

Es el gran blanco. 

Sereno y crítico como Borges, 

Valiente y audaz como Cortázar, 

Una mano con unos dedos en v demuestran sus principios 

Y un canto peronista alegra sus mañanas. 

Jornadas de mates interminables con risas incontenibles 

Chistes, debates y polémicas junto con el camarada 

Aunque evita polémicas que propone Erik. 

Su corazón tuvo muchas dueñas cada una con una particularidad 

Pero hubo una que lo atrapó y cautivó de una forma única

Ahora juntos esperan la llegada de la esperanza, fruto de su amor. 

Voy a la unlz (universidad de lomas) 

Llego a la puerta mientras voy siguiendo las risas 

Y me digo sonriendo a mi mismo ¡ ese es el gran blanco!    

Dedicado a mi gran amigo y compañero GIAN BLANCO 
AUTOR: ERIK CORIA. 

  Llanto- Jacky Bonelli 


Bon apetite  dijiste
y al ritmo de un canto 

lo engulliste

las paredes sangraban 

repleto estaba

demagogia que me encanta

me aterra y me espanta

con el paso de los años asimilar en cada órgano

el efecto transmitido 

gota tras gota

 iba salpicando ”la sustancia”

hiciste que el pigmento se expanda 

a lo largo de mi alma

la salinidad abundante

conformó al llanto

Inmortalicé, copié, y digitalicé

nuestra imagen en cada citoplasma

y en los desvelos de la noches 

me siento a retratarte con palabras

¡¡¡caníbal!!!

de todos los artes

el tuyo siempre fue la mentira

sueño despierta escuchando tu dialéctica

mecanicista el enamoramiento

estímulo-respuesta

invisible, abstracto, una forma dibujada

un corazón, un llanto, cascada de lágrimas sobre la cara

encubierta, discreta y callada

tu glotonería

ambivalente, débil y atraída

que ingenuidad la mía

dimensión desconocida

solo un rato de saciedad 

te brindó esta golosina

él, yo y vos 

ellos, los dos

laten sigilosos al ritmo del canto, del llanto

bailando decisiones

aceptando corrupciones

sin razonar

se han encadenado dos corazones

se han expuesto al juego del amor como atracción de circo

y sin permisos y condiciones

has devorado el mio

La invitación – Lucía Beukes

EE

La voz de su madre le llegaba ahogada. Tenía la cabeza metida debajo de la almohada de goma espuma. No entendía bien qué decía.

-¿Puedo pasar?

Se revolvió en la cama, manchando las sábanas con su maquillaje corrido. Aunque para muchos la noche recién comenzaba, ella ya estaba ebria, producto de un happy hour etílico y agotador. Ya era bastante malo que haber vuelto a convivir con su madre como para que además la viera así. Seguir leyendo “La invitación – Lucía Beukes”

¡Bienvenidos!

¡Buenas! Somos estudiantes de Letras de la Universidad de Lomas de Zamora que se dedican a diversas actividades vinculadas con este vasto mundo que tanto nos apasiona, ya sea por medio de la escritura, la investigación o la enseñanza. Nuestro humilde propósito es difundir y acercar a la sociedad algo de lo mucho que abarca nuestro campo de acción. Para eso vamos a estar realizando diferentes exposiciones y actividades de las que los mantendremos al tanto, la idea es iniciar un movimiento del que ustedes sean parte, no hace falta más que enviar un mensaje a esta página y vamos a estar en contacto. ¡Abrazo general!
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