A control remoto

    Dirigido a aquel púbico que vive detrás de una sociedad de consumo:

    Apagá la tele y empezá a combatir el humo en el que día a día ésta sociedad nos va sofocando. A vos, sí, sí, a vos que teniendo dos manos, dos ojos y una boca para expresarte y abogar a favor de la necesidad de los demás, te inculcaron que puertas adentro todo es mejor, que hay que subir el volumen de la radio mientras en la casa vecina sucede una carnicería, que mires para el costado porque si no también podés salir perjudicado.

    Ahí donde sea que estés, no abrás los ojos para leer estás palabras, ni los oídos para escucharlas, abrí el corazón y ayudá a pasar la voz, a desempolvar la conciencia social. Porque si empezáramos afirmando los primeros pasos de generaciones futuras con unos principios que pongan al mundo a caminar por la misma vereda, sin hacer tropezar al prójimo, hoy en día un montón de vidas que fueron quitadas, estarían junto a nosotros.

    Si te hace falta manejar, invertí en un auto no en intimidar y presionar las decisiones de los demás; si lo que deseas es jugar hacelo con viejos juguetes de la infancia y no con la psiquis humana; si te sobran las palabras y el coraje suficiente como para acosar a alguien indefensa y hacerla sentir un objeto, dejame que te diga que no somos un Play Station, no venimos con un joystick para ser manejadas ni tampoco tenemos porque volver a nuestras casas  a un ritmo desesperado como en una persecución de videojuego; si lo que querés es sentir seguridad, ocupate de tu autoestima porque la autosuficiencia nos sobra para elegir cómo vestirnos nosotras mismas; si sos un gran ”administrador” gestioná una Pyme, porque las decisiones en un hogar las toman más de uno. Seguir leyendo “A control remoto”

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Al Sur, entre ruidos y silencios

 Cada quien hace con su ruido lo que le place. Lo hace saltar, fintear, lo plasma, lo calla, le da fuerza, lo acaricia, hace de él un loismo, un Facebook, lo apapacha, lo mece, lo cambia y lo acuesta. Lo hace un mensaje, una razón para los lacerados por la inequidad, un llanto, un lamento, un inhóspito lugar para los cobardes. Lo hace un puente, claro que lo puedes hacer puente, una escalera, una ventana, un Árbol de Diana, un llanto, un adiós, un ahogarse en el mar, la desdicha de un ciego, el juego de un lampiño. Hazlo océano para que puedes ceder tu aliento ante él, hazlo espuma y que trepe por tus manos; por favor, hazlo tibieza y que se pose en este afligido desorden que vive entre dos noches.

Quiero creer que en todos estos ciclos a los que fuimos concurriendo con nuestros compañeros hay un hilo que une a un poeta con otro, quiero creer que son una especie de rosario, si se quiere, que hay una continuidad. Vienen a contarnos de su vida, a retacearnos su derrame de palabras, nos cortan un pedacito, lo peinan y nos lo muestran. Y eso es poesía, o es un muro de Facebook. En sí es un bloque en el que encajan todos y cada uno de estos silencios (pareciera que me contradigo en este momento, pero no es el caso y ojalá sepan identificar cuando me refiero a un ruido o al silencio). Porque allí a donde vamos no hay “trending topic”, no hay nada de ecos, ni cánones, ni boom literario, no hay best sellers. Hay un nosotros gigante en donde nos vemos todos intentando arañar la hoja, intentando la eternidad. Y por afuera los transeúntes acompañando con sus interrupciones nuestra danza de búsqueda. Por lo menos encontré un hilo.

 

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Autor: Gian Franco Blanco, estudiante de Letras de la Universidad nacional de Lomas de Zamora, Facultad de Ciencias Sociales.

Día del libro – Camila Mareco

23 de Abril Día del libro

Para uno mismo, ¿qué significado tiene un libro? Para muchos es sólo un objeto con páginas sin ningún valor. Hay otros que van mas tranquilos en lo que a la lectura se refiere. Pero para algunos, un libro es como un amigo incondicional. Y yo me identifico más con esta última opción.
Los libros ayudan al lector a escapar de la realidad, aunque sea sólo por un momento. Los libros nos transportan a mundos totalmente increíbles. Ellos nos hacen soñar hasta con las cosas más descabelladas. Nos adentran a historias con las que a veces sólo podemos imaginar, o con las que a veces nos encontramos en la vida misma. Para uno, un libro puede significarlo todo, o puede que no signifique nada.
En los libros también encontramos el amor. ¿Acaso es posible que un lector no se haya enamorado de algún personaje ficticio alguna vez? Por supuesto que no. Es que simplemente eso no pasa. La mejor parte de ese amor ficticio es que nos enamoramos de la manera en que piensa ese personaje, nos atrapa su esencia. Y eso, según pienso, vale mucho.
¿Nunca les pasó que se identificaron con algún personaje ficticio, que ese personaje los comprendía más que cualquier otra persona en el mundo? Es muy probable que eso haya pasado. Así uno nunca se siente solo.
Nos adentramos en la vida del personaje y vivimos junto con él todos esos momentos que debe enfrentar. Será por eso que dicen: “Aquel que lee vive muchas vidas, sin embargo el que no lo hace, sólo vive una”.
La lectura es algo sencillamente lindo. Leer nos cambia. Leer nos hace libres.

Un feliz día del libro.


Autora: Camila Mareco