Literatura en XXI: Prólogo

   

    Los libros, las revistas, los diarios, los folletines, fueron algunas de las formas más populares de comunicación literaria años atrás. En algún momento de este siglo creímos que podían llegar a desaparecer ante los pasos de gigante que fue dando el monstruo llamado Internet, los más apegados al papel temblamos de terror en nuestras casas y corrimos a decirles a nuestros libros que iba a estar todo bien, que no los íbamos a abandonar.

    Pese al terror momentáneo eso no ocurrió, los libros se siguen editando y vendiendo (algunos a precios malévolamente elevados, hay que aclarar) y aún existen revistas que nos recuerdan lo genial que es leer una publicación con distintos textos, cuentos, poesías, palabras que dan saltos de alegría al verse impresas. Pero lo cierto es que abrir Chrome o Firefox es algo más común que abrir un libro, dar vueltas por el mundo online es algo cotidiano. Por suerte, gran parte de los que escribimos entendemos que tenemos que acoplarnos a las nuevas necesidades y ofertas. Decirle que no a un blog, a una página de Facebook o a un libro que se puede leer desde una Tablet es una opción, pero lo real es que sería algo así como tomar un Fernet con Pepsi: una locura total.

    La literatura en Internet viaja desde las más desgastadas (y agotadoras) frases sacadas de contexto de los autores más populares, hasta la posibilidad de comprar y descargar libros de Internet. Entre esos márgenes caminamos y nos volvemos descubridores constantes de las nuevas formas que tenemos de acceder a la literatura y que justamente no son ir a una librería o una biblioteca.

    Con el tiempo nos dimos cuenta de que Internet no era un enemigo, sino un aliado y uno muy poderoso. El consumidor de literatura, como de cualquier arte, tiene hoy en día miles de opciones, blogs, gente que escribe estados en Facebook, publica fotos de textos en Instagram o usan Twitter para hacer una recomendación. Editoriales se gestan desde lo independiente y su voz, su grito como el de un náufrago en una isla, es mediante esta red magnífica; algunas incluso, recurren al crowdfunding (solicitar dinero vía web a los interesados en que una propuesta, en este caso editorial, se pueda concretar) para autogestionarse. Los libros llegan a nuestras casas con el cartero, desde otras ciudades, provincias o países.

    Queremos conocer más, acercarnos a todas esas formas que se abren en nuestro camino y que posiblemente no conozcamos en su totalidad o no accedamos a ellas a fondo.

    Navegar por el mundo de Internet no nos es ajeno, pero sí existen miles de opciones a las que podemos acceder con solo un clik de las cuales o somos absolutos ignorantes o apenas escuchamos nombrar por ahí. La meta de esta columna será acercar las novedades, las opciones, visualizar las vías que nos quedan a veces demasiado oscuras o lejanas, incluso para aquellos que nacieron con Internet abajo del brazo.


Autora: María Belén Michelangelo, estudiante de Letras de la Universidad de Lomas de Zamora.

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