Biblioteca de ciencia ficción hispana – Plop, Rafael Pinedo (2002)


Plop. Rafael Pinedo.

“Contaban que una vez había estado varios días, con sus noches, cuidando a un chico enfermo cuya madre había sido reciclada.
Al cuarto día había dicho:
—No se cura —y se había puesto a despellejarlo. Los gritos habían atraído gente, que le había preguntado por qué no lo sacrificaba primero.
—No me di cuenta —había contestado.

    Blanchot alguna vez dijo que el hombre es lo indestructible y que por eso mismo su destrucción puede ser infinita. No se puede leer Plop sin pensar en Blanchot. La novela cuenta un mundo al que no le queda otra cosa más que su propia devastación. Un mundo por el que todavía camina el hombre pero al que todo le es hostil: el agua y la tierra están contaminados, los animales mutaron y son todos mortales, las enfermedades están por doquier, no hay comida, siempre llueve. Y basura, totalidades de basura. Como si lo que quedara fuera el residuo de lo que alguna vez pudo ser un mundo habitable para una vida digna de ser vivida.

    En algún momento ocurrió algo. No se dice qué, pero se dan pequeñas pistas. Esto que ocurrió dejó el mundo convertido en una inmensa llanura cuyo paisaje solo se ve interrumpido por montañas de basura. Allí, los humanos que quedaron se organizaron en pequeñas comunidades nómadas, cada una con sus propias normas y ritos y códigos propios pero con una finalidad compartida: la supervivencia. Hay cosas que ya no están. Los vínculos afectivos (no hay familia y de la amistad apenas queda un resabio mínimamente marcado) devinieron en encuentros carnales sin distinción de género, edad o rango social; la moral se redujo al pragmatismo; el pensamiento abstracto en la plena conciencia material del instante. Otra cosa que ya no está es la idea de un cuerpo humano normalizado. Las mutaciones, las degeneraciones físicas y mentales, las amputaciones de miembros, son la norma, dando cuenta no solo de una carencia, de una insatisfacción constante, sino también de que los cuerpos, la vida, siempre pueden ser otra cosa. Por lo demás mucho sexo, mucha violencia. Y si bien una primera impresión de este mundo nos haría pensar en salvajismo, animalidad o barbarie, nada de esto hay en Plop. Lo que la novela expone es a la vida reducida al deseo de garantizar su propia conservación.

    Plop cuenta dos historias. Por un lado la de ese mundo absolutamente distópico, donde los humanos, reducidos a un número menor, abandonaron cualquier forma de estructura social sedentaria y se organizaron en comunidades nómades. La otra historia que se narra es la de una ambición: la de Plop, protagonista de la novela, nacido en el barro y nombrado así por el sonido que hizo al chapotear en el parto. La aventura de Plop es la clásica historia de aquel que, nacido en la mayor de las miserias y el anonimato, asciende a través de su estructura social mediante todo tipo de astucias. Esta segunda historia es, en relación a la primera, corte y aumento de apuesta: allí donde el deseo se anula a sí mismo en el ansia de sobrevivir (el contradictorio conatus de Spinoza, donde desear no es salirse de sí sino perseverar en el ser) aparece eso otro que es el deseo de más.

    Párrafo aparte merece el estilo narrativo de la novela. Una textualidad híper sintética, concreta, materialista, cruda, de oraciones simples y muchos puntos, como si no hubiera espacio para nada más. No hay prácticamente desarrollo de personajes. Faltan o se improvisan nombres, cualidades, rasgos distintivos. Como si la humanidad se hubiera homogeneizado en la búsqueda de satisfacer necesidades básicas y el único sistema jerárquico que la dividiera se pudiera establecer en la fuerza o debilidad para garantizar esta satisfacción.

    Plop es, a mi parecer, una novela perfecta. Capítulos cortísimos, una prosa concisa, dura. Pinedo encara la ambición de construir un mundo, quizás el último, y lo hace sin que sobre una sola tuerca. Pesadillesco, pesimista, pero dejando espacio para la oportunidad de la empatía, el mundo que nos deja Pinedo nos ofrece una visión de lo que nos queda cuando ya no nos queda nada.


Luis Pisani, persona de Ituzaigó que escribe y hace cosas. Tiene un blog: Antropomagen.

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