A control remoto

    Dirigido a aquel púbico que vive detrás de una sociedad de consumo:

    Apagá la tele y empezá a combatir el humo en el que día a día ésta sociedad nos va sofocando. A vos, sí, sí, a vos que teniendo dos manos, dos ojos y una boca para expresarte y abogar a favor de la necesidad de los demás, te inculcaron que puertas adentro todo es mejor, que hay que subir el volumen de la radio mientras en la casa vecina sucede una carnicería, que mires para el costado porque si no también podés salir perjudicado.

    Ahí donde sea que estés, no abrás los ojos para leer estás palabras, ni los oídos para escucharlas, abrí el corazón y ayudá a pasar la voz, a desempolvar la conciencia social. Porque si empezáramos afirmando los primeros pasos de generaciones futuras con unos principios que pongan al mundo a caminar por la misma vereda, sin hacer tropezar al prójimo, hoy en día un montón de vidas que fueron quitadas, estarían junto a nosotros.

    Si te hace falta manejar, invertí en un auto no en intimidar y presionar las decisiones de los demás; si lo que deseas es jugar hacelo con viejos juguetes de la infancia y no con la psiquis humana; si te sobran las palabras y el coraje suficiente como para acosar a alguien indefensa y hacerla sentir un objeto, dejame que te diga que no somos un Play Station, no venimos con un joystick para ser manejadas ni tampoco tenemos porque volver a nuestras casas  a un ritmo desesperado como en una persecución de videojuego; si lo que querés es sentir seguridad, ocupate de tu autoestima porque la autosuficiencia nos sobra para elegir cómo vestirnos nosotras mismas; si sos un gran ”administrador” gestioná una Pyme, porque las decisiones en un hogar las toman más de uno.

    Así vivimos: ¡a control remoto! Vivimos defendiendo derechos porque ya tuvimos la horrible experiencia de ser sometidas bajo el yugo de la violencia, o por si llegáramos a sufrirla. Pero más importante, porque queremos y creemos cada vez más en el lema “Ni una menos”, sin importar cuán cerca o cuán lejos esté esa realidad de nosotras. Nos solidarizamos, nos unimos en hermandad, porque si tocan a una nos tocan a todas.

    Muchos parecen robotitos de metal en medio de una sociedad en estado gripal. La gripe del patriarcado, del machismo, de la política, de los abusos de poder, de las historias jamás contadas que sucedieron puertas adentro, de los silencios y el sometimiento, de las paradas de colectivo nocturnas llenas de miedo, de lo inservible que es tener un sistema judicial corrupto, de la utopía del respeto, de la hipocresía de cederle a la mujer un día para que se sienta reconocida.

    ¿Hasta dónde pensamos llegar en esta lucha? Hasta que cada culpable reconozca su falta, sea enjuiciado y condenado; hasta que cada familia acepte a sus hijas sin dañarlas; hasta que la perversión de las calles sea erradicada; hasta que los pensamientos no sean juzgados; hasta hacer inmarcesibles nuestros derechos; hasta poder sobrevolar con libertad en cada ambiente en el que nos ocupemos; hasta donde soñar con el respeto no sea más un sueño sino una realidad lograda; hasta que en esta sociedad seamos valoradas. ¡Hasta que dejen de existir los robotitos de metal en medio de una sociedad en estado gripal!


    Autora: Jacqueline Nair Bonelli, estudiante de Periodismos en la Universidad de Lomas de Zamora.

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