Viruta y Chicharrón y las primeras historietas argentinas

A principio de siglo xx, Viruta y Chicharrón eran personajes tan famosos como lo son Mafalda, Enriqueta, Gaturro o Clemente hoy en día. Los chicos usaban sus disfraces en los desfiles de carnaval, los músicos le dedicaban canciones y las empresas de cigarrillos los utilizaban en sus campañas. Caras y Caretas, la revista en la que sus aventuras salían publicadas, los utilizó más de una vez en su portada que, por lo general, estaba reservada a personajes de la política. Así de importante fueron para la gráfica y lo siguen siendo para el estudio del desarrollo de la historieta en nuestros medios.

Las aventuras de Viruta y Chicharrón representaron durante mucho tiempo la introducción de un nuevo modelo de desarrollo de la historieta. Por esta razón fue considerada la primera historieta argentina moderna. Ese sostenido error fue corregido en esta última década, pero sus esquirlas aún se esparcen.

Ensayos recientes suman datos al error. Dicen, por ejemplo, que Viruta y Chicharrón fue la primera historieta publicada en Argentina (Torre, 2014: 9). Sin duda quienes realizan este tipo de afirmaciones lo hacen por una de estas dos razones: tienen una concepción de la historieta ligada al modelo del cómic norteamericano o desconocen las publicaciones de principio de siglo xx en Argentina. Vale aclarar que en nuestro ámbito son pocas las investigaciones sobre la historieta y, de ellas, una pequeña cantidad puede hacerse cotejando directamente el material de los primeros años del siglo anterior.

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Sarrasqueta (1913). Historieta didascálica.

De ese modo, resulta fácil entender la negación de material publicado en revistas tales como PBT, Tit-Bits o El Hogar. A su vez, esto lleva a desconocer una modalidad de la historieta que, si bien sigue vigente, no predomina. En esto podemos notar un problema central: estos ensayos no sólo no explicitan una definición de la historieta, sino que tampoco se preguntan ¿qué es la historieta? Es así que excluyen a una gran parte de la producción local en la búsqueda de modelos similares al que se consolidó en la prensa norteamericana.

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Décur. Historieta didascálica actual.

Sobre este punto cabe decir que, a principios de siglo xx, el público argentino conocía dos formas de la historieta: la europea (o didascálica) y la norteamericana (o moderna). La primera supone un discurso compuesto en dos planos complementarios: el dibujo acompañado por un epígrafe que lo aclara; el moderno, el cómic, supone la composición de una viñeta que integra dibujos y texto. Al menos desde 1907, la publicación de este segundo tipo se hizo regular en los medios gráficos locales (Gutiérrez, 2014: 77-78). Seguir leyendo “Viruta y Chicharrón y las primeras historietas argentinas”

Literatura en XXI: Prólogo

   

    Los libros, las revistas, los diarios, los folletines, fueron algunas de las formas más populares de comunicación literaria años atrás. En algún momento de este siglo creímos que podían llegar a desaparecer ante los pasos de gigante que fue dando el monstruo llamado Internet, los más apegados al papel temblamos de terror en nuestras casas y corrimos a decirles a nuestros libros que iba a estar todo bien, que no los íbamos a abandonar.

    Pese al terror momentáneo eso no ocurrió, los libros se siguen editando y vendiendo (algunos a precios malévolamente elevados, hay que aclarar) y aún existen revistas que nos recuerdan lo genial que es leer una publicación con distintos textos, cuentos, poesías, palabras que dan saltos de alegría al verse impresas. Pero lo cierto es que abrir Chrome o Firefox es algo más común que abrir un libro, dar vueltas por el mundo online es algo cotidiano. Por suerte, gran parte de los que escribimos entendemos que tenemos que acoplarnos a las nuevas necesidades y ofertas. Decirle que no a un blog, a una página de Facebook o a un libro que se puede leer desde una Tablet es una opción, pero lo real es que sería algo así como tomar un Fernet con Pepsi: una locura total.

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Biblioteca de ciencia ficción hispana – Plop, Rafael Pinedo (2002)


Plop. Rafael Pinedo.

“Contaban que una vez había estado varios días, con sus noches, cuidando a un chico enfermo cuya madre había sido reciclada.
Al cuarto día había dicho:
—No se cura —y se había puesto a despellejarlo. Los gritos habían atraído gente, que le había preguntado por qué no lo sacrificaba primero.
—No me di cuenta —había contestado.

    Blanchot alguna vez dijo que el hombre es lo indestructible y que por eso mismo su destrucción puede ser infinita. No se puede leer Plop sin pensar en Blanchot. La novela cuenta un mundo al que no le queda otra cosa más que su propia devastación. Un mundo por el que todavía camina el hombre pero al que todo le es hostil: el agua y la tierra están contaminados, los animales mutaron y son todos mortales, las enfermedades están por doquier, no hay comida, siempre llueve. Y basura, totalidades de basura. Como si lo que quedara fuera el residuo de lo que alguna vez pudo ser un mundo habitable para una vida digna de ser vivida.

    En algún momento ocurrió algo. No se dice qué, pero se dan pequeñas pistas. Esto que ocurrió dejó el mundo convertido en una inmensa llanura cuyo paisaje solo se ve interrumpido por montañas de basura. Allí, los humanos que quedaron se organizaron en pequeñas comunidades nómadas, cada una con sus propias normas y ritos y códigos propios pero con una finalidad compartida: la supervivencia. Hay cosas que ya no están. Los vínculos afectivos (no hay familia y de la amistad apenas queda un resabio mínimamente marcado) devinieron en encuentros carnales sin distinción de género, edad o rango social; la moral se redujo al pragmatismo; el pensamiento abstracto en la plena conciencia material del instante. Otra cosa que ya no está es la idea de un cuerpo humano normalizado. Las mutaciones, las degeneraciones físicas y mentales, las amputaciones de miembros, son la norma, dando cuenta no solo de una carencia, de una insatisfacción constante, sino también de que los cuerpos, la vida, siempre pueden ser otra cosa. Por lo demás mucho sexo, mucha violencia. Y si bien una primera impresión de este mundo nos haría pensar en salvajismo, animalidad o barbarie, nada de esto hay en Plop. Lo que la novela expone es a la vida reducida al deseo de garantizar su propia conservación.

    Plop cuenta dos historias. Por un lado la de ese mundo absolutamente distópico, donde los humanos, reducidos a un número menor, abandonaron cualquier forma de estructura social sedentaria y se organizaron en comunidades nómades. La otra historia que se narra es la de una ambición: la de Plop, protagonista de la novela, nacido en el barro y nombrado así por el sonido que hizo al chapotear en el parto. La aventura de Plop es la clásica historia de aquel que, nacido en la mayor de las miserias y el anonimato, asciende a través de su estructura social mediante todo tipo de astucias. Esta segunda historia es, en relación a la primera, corte y aumento de apuesta: allí donde el deseo se anula a sí mismo en el ansia de sobrevivir (el contradictorio conatus de Spinoza, donde desear no es salirse de sí sino perseverar en el ser) aparece eso otro que es el deseo de más.

    Párrafo aparte merece el estilo narrativo de la novela. Una textualidad híper sintética, concreta, materialista, cruda, de oraciones simples y muchos puntos, como si no hubiera espacio para nada más. No hay prácticamente desarrollo de personajes. Faltan o se improvisan nombres, cualidades, rasgos distintivos. Como si la humanidad se hubiera homogeneizado en la búsqueda de satisfacer necesidades básicas y el único sistema jerárquico que la dividiera se pudiera establecer en la fuerza o debilidad para garantizar esta satisfacción.

    Plop es, a mi parecer, una novela perfecta. Capítulos cortísimos, una prosa concisa, dura. Pinedo encara la ambición de construir un mundo, quizás el último, y lo hace sin que sobre una sola tuerca. Pesadillesco, pesimista, pero dejando espacio para la oportunidad de la empatía, el mundo que nos deja Pinedo nos ofrece una visión de lo que nos queda cuando ya no nos queda nada.


Luis Pisani, persona de Ituzaigó que escribe y hace cosas. Tiene un blog: Antropomagen.

A control remoto

    Dirigido a aquel púbico que vive detrás de una sociedad de consumo:

    Apagá la tele y empezá a combatir el humo en el que día a día ésta sociedad nos va sofocando. A vos, sí, sí, a vos que teniendo dos manos, dos ojos y una boca para expresarte y abogar a favor de la necesidad de los demás, te inculcaron que puertas adentro todo es mejor, que hay que subir el volumen de la radio mientras en la casa vecina sucede una carnicería, que mires para el costado porque si no también podés salir perjudicado.

    Ahí donde sea que estés, no abrás los ojos para leer estás palabras, ni los oídos para escucharlas, abrí el corazón y ayudá a pasar la voz, a desempolvar la conciencia social. Porque si empezáramos afirmando los primeros pasos de generaciones futuras con unos principios que pongan al mundo a caminar por la misma vereda, sin hacer tropezar al prójimo, hoy en día un montón de vidas que fueron quitadas, estarían junto a nosotros.

    Si te hace falta manejar, invertí en un auto no en intimidar y presionar las decisiones de los demás; si lo que deseas es jugar hacelo con viejos juguetes de la infancia y no con la psiquis humana; si te sobran las palabras y el coraje suficiente como para acosar a alguien indefensa y hacerla sentir un objeto, dejame que te diga que no somos un Play Station, no venimos con un joystick para ser manejadas ni tampoco tenemos porque volver a nuestras casas  a un ritmo desesperado como en una persecución de videojuego; si lo que querés es sentir seguridad, ocupate de tu autoestima porque la autosuficiencia nos sobra para elegir cómo vestirnos nosotras mismas; si sos un gran ”administrador” gestioná una Pyme, porque las decisiones en un hogar las toman más de uno. Seguir leyendo “A control remoto”