​En un toque llego- Alan Cabral 

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Kevin  se sentó a comer cuando se escuchó el primer ruido de tormenta. Su mama se levantó rápido a tapar los espejos. Se acercó a la escultura de la Virgen de los Pasos, la toco y se persignó. Rezó una oración silenciosa mientras Kevin terminaba su plato. Vibró su celular, el Nene Rubio le mandó un mensaje con un signo de interrogación. Kevin  tomó de un trago el vaso de Coca Cola y dejó el plato en la mesada. Le dio un cálido beso en la cabeza a su devota madre y salió. La mujer abrió la puerta y le gritó, tenía en su mano un paraguas. Andrés lo agarró y le dio un fuerte abrazo. Todavía no empezaba la tormenta de proporciones bíblicas pero Kevin abrió el paraguas y se fue pateando en dirección al centro de la ciudad.
Salí corriendo, decidido a encontrarte. / ¿Me buscaste? / Toda la vida.

No hay que usar el teléfono mientras caminas. Cuando caminas tenes que tener la cabeza alta, con la pera paralela al piso, doblar las rodillas, mirar ambos lados antes de cruzar la calle, un pie adelante del otro, talón, punta y así repetir hasta llegar al punto de llegada. No hay llegadas porque no hay líneas. Andres no puede pisar las líneas del piso, ni las divisiones de las baldosas ni las partes rotas del asfalto. No le gustan los árboles que con sus raíces rompen las veredas. No le tiene miedo a los perros pero si a pisar líneas. Los miedos no se pueden controlar, por eso asustan tanto.

Voy a tardar en llegar, sabes que camino lento. / No importa, estoy bailando para esperarte.

Andres no gritaba de miedo, pero si había una línea que no podía cruzar cerraba los ojos y saltaba. Cuando cierra los ojos todo desaparece. Todo se vuelve blanco. No negro. Negro es cerrar los ojos por miedo. Cerrar los ojos por valor es blanco. Un poco de viento le volaba el pelo. Se tapó con el paraguas. Tuvo la sensación de que iba a salir volando.

Como Mary Poppins. / Supercalifragilisticoespialidoso. / Esa es una palabra importante.

Llego a unas vías. Vio venir un tren. Tal vez el último. Imagino la posibilidad de que ese fuera el último tren del mundo, de que sus vías le den la vuelta al planeta y que nunca se detenga, que cuando la humanidad se haya extinto aun seguirá pasando a esa hora el último tren, sin nadie que viaje, sin estación para parar. Pero la gente lo seguiría esperando, pensó. Se paró en las vías. Sintió la vibración. Sonó una bocina, no para que él se mueva, sino para para avisa que venia, porque la barrera de la calle hacía años que no bajaba, no había nadie que la baje. Había una pequeña casita de indigentes donde antes estaba el lugar de los guardabarreras. Le saco una foto al tren. Se la envió al Nene Rubio mientras terminaba de cruzar la vía. Sintió la velocidad del tren en su espalda. Tuvo miedo de que la fuerza inentendible del movimiento lo arrastrara bajo las rudas y lo despedazara. Después la lluvia limpiaría sus entrañas de las vías y nadie se enteraría jamás de su muerte. Le mando la foto al Nene Rubio.

Las vías son líneas. /Sí, son caminos/ ¿Cuándo vas a llegar?

Todavía faltaba mucho para que Andrés llegara al centro de la ciudad, a la casa del Nene Rubio. No iba a llegar antes de la lluvia. Sino al revés. La lluvia lo iba a llevar a él por unas vías nuevas.


Autor: Alan Cabral, estudiante de la carrera de Letras de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora

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