El libro ilustrado: Benjamín Lacombe

Los lectores somos seres agradecidos. Niños y adultos damos gracias al autor, creador, animador o músico que cree que seremos capaces de ver su obra con un intelecto y una sensibilidad bien dispuestos. El talento más la confianza del artista en su público son todo lo que se necesita para llegar a la gente, conmoverla y removerla de su lugar de confort. Benjamín Lacombe goza de ambas cualidades y se ha lanzado a la tarea de ilustrar los más variados textos sin ningún temor por encontrarse con tareas monumentales.

Este artista parisino no tiene muchos límites al parecer, ya que estos van corriéndose con cada obra un poco más. Ecléctico por naturaleza, su prolífica obra demuestra este rasgo tanto en sus títulos, en sus temáticas, en las técnicas que utiliza, como con los lenguajes con los cuales trabaja.

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Como todos los autores o libros de los que les he hablado, hay en Lacombe un límite muy fino, casi invisible entre aquellos libros dirigidos a un público más juvenil y aquellos dedicados al mundo adulto. Siempre resulta interesante ver cómo se juega con dicho límite: Rebecca Dautremer usa las perspectivas, la visión fotográfica impregnada en sus obras; en Mattotti, la técnica acompañada de un contraste monocromático; en Benjamin es, a mi entender, la sensualidad y la oscuridad que logran en él una síntesis perfecta y armónica.

Veo, cada vez que lo admiro en algunas de sus obras, una sensualidad en la línea que me deja anonadada, me cautiva, me atrae y quedo atrapada. Benjamín es sinuoso, teje redes, nos acerca y una vez entre sus líneas y colores, es difícil escapar de ellos.

Sus dibujos se me aparecen tras una especie de velo o telar, los colores por lo general en una paleta de oscuros, nos sugieren una especie de capa traslucida por la que vemos lo que efectivamente se expone a la vista, pero que nos sugiere que hay algo más. Allí reside la sensualidad que implícita o no, nos cautiva. Quizás por esa razón su adaptación de Blancanieves (la cual responde a su versión original de mano de los Hermanos Grimm) resulta tan cautivadora.

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Blancanieves

La metáfora es fiel sierva de su lápiz y esboza con magistral elocuencia ideas que rebosan en la mente tras leer cualquiera de sus piezas.

Vale resaltar, sin dudas, que la temática parece estar siempre signada por un anhelo personal. Nada queda relegado: Una niña que sufre en silencio los abusos de sus padres en La niña silencio, los amantes trágicos de Ondina, una original y oscura Genealogía de una bruja e incluso Notre-Dame de Paris de Victor Hugo. No hay miedo en sus elecciones, tanto es así que hasta Poe ha sido elogiado por sus líneas. Devenido en escritor, compartiendo autoría con Sebastián Pérez (con quien ha trabajado varias veces) o con escritores de gran talante, Benjamin aborda todo y lo hace siempre bien.

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La niña silencio

Especie de ilustrador fetichista al mejor estilo Wes Andersen, a riesgo de resultar repetitivo (y puede que algunas veces lo sea) se refugia en su poder ecléctico sin dejar de lado ciertos signos que a aquel que lo disfruta seguido no se le escapan: los retratos con un marcado plano medio, mirando directamente a quien observa, o primeros planos que resultan vertiginosos; el rojo en los ojos, en la punta de los dedos, en los labios; perros sharpey, mariposas, gatos, Japón.

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Ondina

Lacombe no se queda con ganas de nada. Libros interactivos, tradicionales, apaisados, de tamaño chico, mediano o grande, tonalidades oscuras o pasteles, cómics, explora absolutamente todo. Tal es su impertinencia que logra adaptar la opera de Madama Butterfly usando los textos de Pierre Loti de una manera singular y maravillosa: un libro que es libro ilustrado, pero también en su faz interior es lienzo (biombo) que puede extenderse entre tapa y contratapa y lograr diez metros de largo de ilustración sin que haya un centímetro de aquel que sea desperdiciable.

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Madama Butterfly

Bejamín no tiene ni un ápice de miedo y se enfrenta a sus obras con una valentía sin igual. Quizás por eso dibuje esos ojos, esas miradas tan características de su obra. Quizás son sus ojos mediante los de sus personajes, los que, osados, nos interpelan y nos invitan a entrar a su mundo creado a fuerza de imaginar, dibujar y pintar.

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Hans de Ondina


Página recomendada: http://www.benjaminlacombe.com/


Autora: María Belén Michelangelo, estudiante de Letras en la Universidad de Lomas de Zamora.

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Un comentario en “El libro ilustrado: Benjamín Lacombe

  1. Sabrina

    Tus palabras endulzan cualquier lector que pose sus ojos, con tanta delicadeza describías un autor como si lo conocieras interiormente y como si cada letra que ha escrito fuera parte de tu lengua….
    Sos divina y muy elocuente, me haces acordar a una profesora que tuve ya años atrás la cual me permitía conocer la literatura como parte de una historia y al autor como personaje de sus textos, amante de sus letras y transmisor de vidas… Belleza leerte!!!!

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