Libros que tus hijos deberían leer – Laura Fernández

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Como acordamos en la anterior edición de esta columna (y digo “acordamos” porque yo estuve de acuerdo conmigo misma; no sé ustedes), la proyección y posible transmisión de valores y pautas de comportamiento, es decir, de cultura, no es terreno exclusivo de la literatura. Pero no tener exclusividad no le quita posibilidad. Posibilidad que no es de mi particular interés, pero una posibilidad al fin: no es ningún pecado que queramos transmitir cultura mediante la lectura.

Es esta posibilidad la que vuelve muy común que las historias destinadas a los más jóvenes se esfuercen en transmitir valores fundamentales como la valentía, la nobleza y la lealtad, desplegando la bien conocida lucha entre el bien y el mal. Pero, si hemos de ser honestos, las moralejas de dichos relatos pocas veces resultan verdaderamente prácticas en la vida cotidiana. Permítaseme hacer una salvedad: la nobleza y la mar en coche están muy bien, y definitivamente son valores de fondo que deberían ser el motor de nuestras decisiones. Pero vamos… es mucho más esperable que tengamos que lidiar con dramas laborales/familiares que tengamos que sacrificarnos por el honor de una doncella.

Sensatez y sentimientos – Jane Austen (1811)

Mientras que Elinor, de 19 años, es pensante y reservada, su hermana Marianne, de 17, es, al igual que su madre, efusiva y apasionada. Esto vuelve las penas y preocupaciones que Elinor aplaca para no angustiar a su familia, invisibles a los ojos de una madre que considera que toda emoción es explosiva. La señora Dashwood deberá aprender, de la mano de su hija mayor, que no todo dolor profundo se manifiesta en llanto, y que cada uno enfrenta las adversidades, no como debe, ni como quiere, sino como puede.

ss 1Hugh Thomson (1896)

Por otro lado, Marianne experimentará a una joven edad los peligros de idealizar al sexo opuesto. Tan cegada como su madre por las pasiones, la segunda mayor de las Dashwood aprenderá que no todo lo que brilla es oro y que la perfección absoluta no existe. Más aun, Marianne deberá afrontar las consecuencias de haber escuchado rumores infundados y hecho juicios apresurados. Si tenés a ese “innombrable” que alguna vez fue perfecto, y del que no se habla por todas las que te hizo… bueno, posiblemente te identifiques con Marianne.

Elinor y Marianne, Ferrars y Willoughby: estos personajes, junto con tantos otros, conjuran un constante contrapunto entre deber y deseo, timidez y desenvoltura, sensatez y sentimientos. Y todo esto se articula en torno a la idea de que el amor y el dolor no necesariamente vienen acompañados de la elocuencia necesaria para expresarlos, a la vez que una buena oratoria nada dice de los verdaderos sentimientos de una persona. ¿Qué se le va a hacer? Ya en el 1800 era un tema lidiar con gente falsa.

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Hugh Thomson (1896)

Por otra parte, es importante saber que en aquella época la novela se consideraba un género menor (algo así como las revistas “del corazón” de la época), con un lectorado dominado por damas demasiado ricas e importantes como para tener algo verdaderamente útil a que dedicar sus días. Es por eso que estas obras difícilmente se alejaban de temas considerados “femeninos”: desencuentros amorosos, engaños, rumores, amistades, etc. Jane Austen se las ingenió, sin embargo, para deslizar en sus novelas infinidad de comentarios irónicos, reflexiones profundas y sanguinarios sarcasmos dirigidos hacia la sociedad en la que se veía inmersa. Así, entre desengaños y corazones rotos, la autora camufla una crítica sutil pero sumamente filosa a la porción femenina de la sociedad, adicta a los sentimentalismos, amiga de las lágrimas de cocodrilo, y siempre avocada al “lleva y trae”.

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Hugh Thomson (1896)

Frase destacada: No tengo deseo alguno de ser distinguido, y tengo todas las razones imaginables para confiar en que nunca lo seré.[…] Deseo, al igual que todos los demás, ser perfectamente feliz; pero, al igual que todos los demás, tiene que ser a mi manera. La grandeza no va a hacerme feliz.

Argumento ante posibles quejas: Leelo, [inserte el nombre de su hijo aquí]. No quiero que te lastimen por crédulo. Tampoco quiero que te odien por incomprensivo. Pero si te van a odiar, que sea con causa: aprendé un poco de sarcasmo.

Bonus: Si bien existen numerosas adaptaciones de ésta y cada una de las novelas de Jane Austen, todas ellas tienden a exagerar centrar su atención en la trama amorosa, fallándole así al retrato paródico compuesto por la autora. Además, suelen obviar detalles tan interesantes como el embarazo adolescente en el 1800.


Autora: Laura Fernández, estudiante de Letras en la Universidad de Lomas de Zamora.

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