Espíritu – Marcelo Bonelli

ESPÍRITU

Qué cerca estás… más nadie te ve… por qué será que, al abrir mis ojos a la mañana, la vida me sonríe con un ¿cómo estás?
Por qué será que, en lágrimas estás, en amores incomprendidos, en rupturas, hipocresías, en el calor fulgurante de las almas que viene y van…
Por qué será que, la infinita sabiduría es vertical y no horizontal, tu que lo sabes todo y a los niños das la oportunidad, de comprender lo incomprensible, de qué trata la humanidad…
Espíritus errantes, viajeros pasantes de apurado (apresurado) andar, que se beben la vida de un sorbo, sin recabar humildemente en su conciencia ancestral…
Ojos que nada vieron, simplemente se dejaron llevar, sin oír a su espíritu… ¿Por qué te apuras? Pues todo viene en medida, y en su correcto andar, existe un momento para todo, y en cada tiempo la oportunidad…
La vida es un perfecto equilibrio y todo está donde debe estar, la tierra gira en elipse, los vientos sacuden la mar, los cielos iluminan el día, la tierra da sin parar…
Por qué será entonces, que nosotros abusamos mal, de los frutos de ella y acaparamos sin mirar, causando herida innombrable de monstruosa calamidad…
Cada árbol da su fruto, en la gesta igual, no existe alma sin espíritu… ¿Es esta la verdad?
El alma encadena batallas de índole sentimental y el espíritu te susurra al oído, aquí pon tu pie, para no resbalar…
Como barca sin rumbo, como extraviado anormal, así somos los seres, enredadera cíclica de nuestra humanidad…
Autonomía fallida, creyéndonos reyes morimos como el peor paria y dejamos ausentes cosas, que el corazón reclama continuamente, bombeando eternidad…
Entre la bruma un ciervo, imponente brama su verdad, el nido del autillo reclama urgente la venida de su mama, la abeja vacilante endulza todo su panal y un ejército de hormigas trasportan indiferentes su curiosa y plácida necesidad…
De esto se trata la vida, de hojas que en otoño caen, de que en todo lo creado supliste la necesidad, de las maravillas absolutas que por doquier regalas…
Y que la vida se abre paso, así con absoluta naturalidad, no pide permiso a nadie, ella sola se da y no podemos enfrentarla, de que serviría pelear, contra majestuoso titán que simplemente nos acompaña, envolviéndonos en bienestar…
Qué cerca estás, ciegos somos ante ti, mudos, sordos de desagradable vagar, que desdeñamos lo bueno y acobijamos al mal, tristes están tus ojos y de cansada tempestad…

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Autor: Marcelo Bonelli

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