La pérdida – Érika Gleisser

EE

Semanas luchando por alcanzar el tren. Cada vez que siento que me acerco, el tren aumenta su marcha.

Sé que esta máquina no se puede detener por un simple mortal, aunque si supiera mi causa, mis motivos, mis necesidades, sin duda me arribaría.

La desesperación me invade en cada momento. Jamás pensé que algo tan trivial como tomar el tren podría causarme tanto sufrimiento.

Tren, si vos entendieras que por unos minutos de retraso te estoy perdiendo. No te imaginás cómo estás atrasando mi itinerario diario.

Si no puedo arribar al tren, jamás llegaré a destino, jamás podré cumplir lo que he prometido. Y sin más, fallaré en mi encomienda.

Nadie se imagina al verme correr que estoy yendo tras el  tren. Es más, nadie entiende por qué no lo alcanzo. Si es algo tan trivial y está al alcance de todos. Sin embargo,  a pesar de chequear  horarios, ya no me sirven, por más que me empeñe por alcanzarlo, huye de mí.

Tren, si vos entendieras que por unos minutos de atraso te estoy perdiendo. Aunque pienso que si mi caso particular llegara al maquinista, si éste supiera mis razones para alcanzarlo, sin duda me esperaría.

Vaya, qué triste es saber que algo tan trivial es imposible de alcanzar. Por más que me esfuerce no lo logro. No lo entiendo.

Sin más, al evaluar la situación no hay más culpables que mi ser incapaz de alcanzarlo.

13872593_10209949561404996_1047136251_n


Autora: Érika Gleisser, licenciada en Periodismo y estudiante de Letras en la Universidad de Lomas de Zamora.

El gitano – Juan García

EE

Había llegado un mes atrás. Alto, robusto, serio y de poco hablar. Había rumores de un asunto ocurrido allá en Tapalqué, de donde era oriundo el gitano. Se hablaba de algo feo, un suceso relacionado con una niña, cosas sucias, de esas que no se preguntan porque se sabe que la respuesta será atroz. El tipo se presentó ese lunes por la mañana. Preguntó por el capataz Maidana, conversaron en un tono bajo, casi confidencial. Se miraban a los ojos, como esos guapos que no esconden el valor y hasta a la misma parca le hacen frente. Conociéndolo a Maidana algo le desconfiaba al moreno porque al hablar ladeaba la boca más de lo acostumbrado. Era signo inequívoco de que no creía en lo que se le estaba diciendo. Estrecharon las diestras y ahí nomás el gitano se arremangó y empezó a hacer un pastón. Trabajar, trabajaba bien. Sabía la cantidad exacta de arena, de cal, de cemento que había que utilizar, alcanzaba los baldes con presteza. Al poco tiempo ya levantaba paredes y después revocaba. En dos semanas el mejor fino lo hacía él. El capataz lo mandaba a hacer las terminaciones y todo ese laburo detallado que es, en fin, lo que se termina por ver y aprobar o desaprobar, según sea el caso. Seguir leyendo “El gitano – Juan García”

Herramienta suave (reseña) – María Belén Michelangelo

Herramienta suave de Emiliano Herrera

Herramienta suave

Probablemente la poesía es la expresión de la literatura que más nos inunda de sentimientos, que mejor los guarda dentro de los límites de sus palabras. Cada poeta tiene su fórmula para lograr conquistar el tesoro perdido. Emiliano Herrera de la mano de la editorial Zindo & Gafuri, nos muestra la suya reconstruyéndola ante nuestras narices en Herramienta suave.

¿Cuáles son las herramientas? Esta pregunta apareció en mi mente una vez finalizada la lectura y me encontré a mí misma tratando de identificarlas, supe entonces que Emiliano hace algo increíble: juega con nosotros, es su libro la herramienta adecuada para desacomodarnos, para ubicarnos en esos espacios inexplorados y entonces decirnos: bueno, y ahora ¿qué sentís? Porque la poesía es sentimiento y no hay nada que aleje al autor de esta verdad irrefutable.

No existen detalles librados al azar, la poesía es pensada, en lo que se dice y en lo que se calla. Herramienta suave es una conjunción de voces y silencios que se enredan y resultan perfectamente. Seguir leyendo “Herramienta suave (reseña) – María Belén Michelangelo”

Oasis Invernal – Jacqueline Nair Bonelli

EE

¿Y está mal ser ambiciosa y soñar con un poquito de tu amor?
Dejar rastros evidentes de una ilusión
Que golpea en la realidad
Irrumpiendo en tu cotidianidad
Creo que es tarde para arrepentirme por dejar que te adueñes de mi comportamiento
¿Está prohibido acaso mirarte de lejos?
¿E idealizarte como un náufrago a un oasis?
No me avergüenza estar enamorada
Y mucho menos admitirlo
No me asustás Seguir leyendo “Oasis Invernal – Jacqueline Nair Bonelli”

Libros que tus hijos deberían leer – Laura Fernández

no-lo-tomes-a-mal-poldy-es-hora-de-renovarse_406151

Cada uno tiene su método a la hora de escribir. El mío consiste en tener un apasionado debate con el espejo, sólo para tratar de transcribir luego los gajos de discurso que mi débil memoria fue capaz de retener. Pero pasó algo cuando me senté a escribir estas reflexiones. Por primera vez en mucho tiempo, mi conciencia le ganó a mi buena voluntad y sentí vergüenza. “Es muy de ladri lo tuyo”, pensé juzgándome a mi misma. Y con razón: no soy madre, ni docente, ni tía, ni siquiera madrina del hijo de alguna amiga con la que ya no hablo. Nada. No hay niños en mi vida. Entonces ¿quién soy yo para disertar sobre modos de acercar la literatura a los más chicos? ¿En base a qué experiencia puedo yo, simple mortal, hacer recomendaciones? ¿He alcanzado un nuevo nivel de caradurez? Las respuestas serían nadie, ninguna y definitivamente, en ese orden. Pero si hay algo que aprendí con los años fue a justificar con destreza mis malos hábitos y decisiones moralmente cuestionables. Fue entonces que “entendí” que yo no estaba escribiendo desde la experiencia de quien lleva a cabo la tarea con éxito, sino desde el lugar de quien una vez fue una criatura que creía que leer era aburrido. “Todavía mejor” me dije desvergonzadamente. “Entiendo sus gustos y disgustos, expectativas y frustraciones porque yo fui una de ellos”. Es con esta pobre excusa en mente que me permito hoy hablar sin saber. Que la historia me juzgue.

card_hb Seguir leyendo “Libros que tus hijos deberían leer – Laura Fernández”

Piedad – Gian Blanco 

La voz retumbaba en toda la casa.

– Si miraras esos clavos como los veo yo. Están tristes, mirá cómo encorvan sus espaldas, algo tengo que hacer. Uno por uno hay que sacarlos y arrancarles costillas a esta casa.

“Quiero verla sangrar, no me alcanzan cinco zócalos. Dame el martillo y la tenaza. ¡Ah! que lindo que te saquen la astilla ¿ no, querida? ¿ Que qué vamos a hacer con los clavos? ¡Apiadarnos! Mirá cómo sufren. Hay que acabar con esta calamidad.

Esos escalones estan pálidos ya no les queda vigor. No es la carne que les cuelga su signo de estado terminal, no,  querida, es ese moho que se les escapa por la piel, los delata. Hay que apiadarse de ellos también.

Sí, ya lo vi, mi amor, las puertas están acongojadas, sienten nostalgia por esos pies que ya no pasan de un lado a otro, que no pasan del umbral.  Se están desgarrando, se les nota en cada grieta. No puedo verlas así, hay que apiadarse de ellas. Seguir leyendo “Piedad – Gian Blanco “

Y te digo más… Certamen Literario

Y te digo más

Hoy les acercamos una oportunidad para ejercitar la imaginación y poner en marcha las ganas de escribir.

La Secretaria de extensión de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Lomas de Zamora nos ha convocado a participar de su Certamen Literario “Y te digo más…” en homenaje al “Negro” Fontanarrosa y a difundir esta convocatoria con todos ustedes. Así que ya saben: ¡a participar! y pateemos fuerte la pelota para que llegue lejos y todos se enteren.

Dudas y consultas a nuestro mail: literaturaerrante@outlook.com

Bases y condiciones: http://www.sociales.unlz.edu.ar/…/BasesdelaConvocatoria2015…

¡Nos estamos leyendo!