Libros que tus hijos deberían leer – Laura Fernández

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Soy una ferviente defensora de que “no importa lo que lean mientras que lean” es sólo una excusa cómoda y derrotista. A fines económicos, solamente diré que leer, en sí mismo, no tiene nada de noble: es una actividad como cualquier otra. Y, como en cualquier otra actividad, cómo se hace lo que se hace importa tanto o más que el simple hecho de hacerlo. (Desarrollaré la idea en otra oportunidad. Es más fuerte que yo).

Que un chico lea porquerías es casi tan lamentable como que no lea en lo absoluto. Dónde está la línea que divide la lectura-porquería de la lectura “de calidad”, sin embargo, es algo que no podría decir. Aun así, voy a atreverme a afirmar que buena parte de los escritos de Poe se encuentran en la segunda categoría. Soy tan metodológicamente profesional.

 Berenice  Edgar Allan Poe (1835) 

 berenice

Cuando era chica detestaba tomar remedios. Mi madre, hábil para estas cuestiones, desarmaba las aspirinas en una cuchara con unas gotas de agua y azúcar, logrando así que yo tomara mi medicamento sin mayores problemas. El éxito de mi madre en esta empresa respondía a un principio bastante general: lo amargo pasa si viene cubierto de algo dulce. Es al mismo principio al que responde mi afirmación de que los chicos deberían leer a Poe. Permítaseme elaborar la idea.

Una (no tan) buena parte de quienes disfrutamos de la lectura dejamos que Hölderlin nos lleve al éxtasis si poner resistencia. Pero debemos admitir que, para muchos, la lectura de frases intrincadas y aparentemente carentes de sentido no es de lo más placentero. ¿Es realmente necesario descifrar páginas y páginas en chino básico para acceder a la buena literatura? No, claro que no. Pero, en el mejor de los casos, es un buen ejercicio.

Para chicos y adolescentes, por motivos lógicos relativos a su formación y educación, el límite de lo intrincado y tendiente al chino básico suele ser distinto al del adulto con años de lectura en su haber. Pero una lectura extremista de este hecho tiende a llevar a la subestimación de los lectores jóvenes: si bien es cierto que sus capacidades y experiencia deben ser tomadas en cuenta a la hora de ponerles un libro en la mano, no es necesario llegar al punto de tomarlos por idiotas.

Comprendería que a esta altura pensaran que lo mío no es ni chicha ni limonada (o, al menos, poco pragmático). “Resulta que si le damos algo fácil lo subestimamos y si le damos algo complejo no lo entiende”. He ahí la cuestión. Lector no se nace, se hace. Y para leer literatura “de calidad” (uso el término a falta de uno mejor, pero quiero que conste que me duele el corazón mientras lo tipeo y que acepto sugerencias terminológicas más apropiadas) hace falta un buen esfuerzo. Es aquí donde mi anécdota entra en juego. Y es que, para lograr que un lector joven haga el trabajo requerido para la lectura de literatura “de calidad” (¡aghhhhh!), hace falta dársela con azúcar. Azúcar que a mi me gusta llamar “morbo”. Berenice, además de morbosa, es breve: los dos ingredientes para no ahuyentar atraer a cualquier lector joven.

Al igual que los cuentos más célebres de Poe sobre obsesión y locura, Berenice es narrada por un protagonista monomaníaco y enfermizo, dándonos la oportunidad de ver el mundo con los ojos de una persona mentalmente afectada. Y aunque esto suena a dato rasqueteado de Wikipedia, no es menor. Berenice, El gato negro, El corazón delator: todos estos cuentos tienen en común que, en lugar de ser un narrador omnisciente y, por lo tanto, distante el que nos presenta a personajes locos y narra sus locuras, son los mismos protagonistas de estas acciones quienes nos relatan episodios oscuros, confusos y distorsionados. En todos estos cuentos Poe le entrega el micrófono a los obsesivos y nos deja no sólo con el relato de sus demenciales acciones, sino que nos permite conocer sus modos perturbados de pensar, sus paranoicas motivaciones, la incredulidad ante su propia locura, sus voces…     

Berenice trata de la obsesión de un hombre con la sonrisa de su prima/prometida. Primer punto para el morbo: incesto. El protagonista se confiesa desde un inicio como un hombre monomaníaco y da rienda suelta a la descripción de su última obsesión. Otro punto para el morbo: demencia. No es mi intención arruinarles el final, por lo que me voy a limitar a decir que el cuento culmina con el relato de los hechos provocados por esa obsesión. Este relato es tan neblinoso como el narrador, embebido en delirio, lo percibe, y fue descripto por el mismísimo Poe como “al borde del mal gusto”. Si pensaban que adivinaron el final (“la mató”), les puedo asegurar que se equivocan. Poe no se caracteriza por escribir relatos previsibles.

berenice clarkeBerenice, por Harry Clarke, 1919

Para terminar de generarles el hambre por la lectura de este cuento, déjenme comentarles que, luego de su primera edición, Berenice fue censurado. Como mencionaba anteriormente, los hechos finales de la historia son narrados por un protagonista sumido en la locura, incapaz de encadenar su relato lleno de lagunas. Es por eso que el lector, en buena parte, debe deducir lo que ha ocurrido. El fragmento censurado solo agregaba una pista más a ese trabajo deductivo. Una pista que vuelve al acto final tanto más hiriente a la sensibilidad de la sociedad americana del 1800.

Resumiendo, no es sencillo que un lector joven haga el trabajo que requiere leer, por llamarlas de alguna manera, obras compuestas en un lenguaje más complejo que al que está acostumbrado. Hay que saber tentarlo. Hay que ponerle agua y azúcar a la pastilla.

 No hay modo académico de decirlo: el morbo garpa.

 Frase destacada: En los días más brillantes de su belleza incomparable no la amé. En la extraña anomalía de mi existencia, mis sentimientos nunca venían del corazón, y mis pasiones siempre venían de la mente. 

 Argumento ante posibles quejas: Creo que ya me he explayado lo suficiente al respecto, ¿no? Explíquenles lo que son la catalepsia y la monomanía, denles el cuento y vean la magia ocurrir.


Autora: Laura Fernández, estudiante de letras de la Universidad de Lomas de Zamora.

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2 comentarios en “Libros que tus hijos deberían leer – Laura Fernández

  1. Victoria

    Muy de acuerdo con la recomendación de Laura. No quiero comparar al genio de Poe, pero antes de leer sus cuentos había leído a Horacio Quiroga. Siendo chica descubrí en la biblioteca de mi casa Cuentos de amor de locura y de muerte, en donde el morbo se encuentra en cada página. Y hoy en día noto como atrapa a mis alumnos en secundaria. Creo que es otra lectura que no puede faltar.

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  2. Juan Carlos Vanni Romero.

    Concuerdo absolutamente. Antes de que los chicos lean porquerías, prefiero antes que no lean nada. La lectura es un rito personal y muy íntimo. Leer es una forma de ser y estar en el mundo. Si un chico en sus primeras experiencias como lector se decepciona, probablemente estigmatice de por vida su relación con la literatura, porque cuando un chico dice que no, es no. Los primeros impactos, definen muchas cosas. Pero quiero terminar con un fragmento del artículo que me pareció categórico, en su componente ontológico con respecto a esta cuestión de la lectura: “Y, como en cualquier otra actividad, cómo se hace lo que se hace importa tanto o más que el simple hecho de hacerlo.”

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