El libro ilustrado: entre el arte y la palabra – María Belén Michelangelo

El libro ilustrado: entre el arte y la palabra

La literatura está unida estrechamente a la ilustración. Esta última ha conformado libros junto a muchas obras infantiles como los cuentos de los hermanos Grim, los de Hans Andersen o la famosísima Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas; también, a libros destinados al mundo adulto como aquellos referidos a temas científicos y religiosos, e incluso Fausto o cuentos de Poe.

Ligeia
Ilustración de Harry Clarke para “Ligeia”, 1919

Pensar a las ilustraciones como meros acompañamientos es mostrarlas como elementos secundarios y esto tiene que repensarse.

Es necesario considerar a la ilustración como una creación que va pareja junto con lo escrito y que, aunque se crea teniendo en cuenta lo que el texto ha evocado en el artista, no deja ella misma de aportar información, detalles, elementos que quizás no aparecen del todo descriptos en la narración o la poesía. Muchas veces los autores literarios influyen y ofrecen muchísimos datos al artista para su propia creación. Por ejemplo, el caso de Lewis Carrol y John Tenniel, aunque este último terminó tan sobrepasado por don Lewis tras ilustrar Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas que casi es él quien se va corriendo tras el conejo cuando Carrol le pidió que hiciera lo mismo en A través del espejo y lo que Alicia encontró allí.

alicia
Ilustración de John Tenniel para Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, 1864

Lewis parece no haberse percatado de un detalle: toda obra artística tiene la impronta de quien la crea, desde la técnica usada hasta el estilo que le imprime y el efecto de la propia imaginación de quien traza en el papel el primer boceto. Todo esto es ineludible.

La distancia temporal permite al artista trabajar más creativamente y a su vez menos guiado. Colecciones completas se han creado de esta forma; Louisa May Alcott no tenía idea de que sus amadas Jo, Mei, Beth y Amy iban a lucir así en la colección Robin Hood en el siglo XX (quizás haya sido lo mejor, quién sabe si los dibujos de Pablo Pereyra y Manuel Martínez Parma, le hubieran gustado a esta mujer de ideas feministas y que desde el vamos no tenía muchas ganas de escribir la novela)

mujercitas
Tapa del libro Mujercitas, para la Colección Robin Hood, 1941

La ilustración es una forma de adaptación literaria que logra reunir al menos dos mentes distintas (cuando el mismo artista no escribe e ilustra) para la concreción de un objetivo: un libro que cuente con palabras y con imágenes.

Tanto el original literario como su adaptación, convivirán en un mismo soporte: el libro. Es así que éste se convertirá en un contenedor de una misma idea hablada en dos idiomas en comunión dialéctica.

El objetivo de ésta columna será el de acercar la obra de distintos escritores e ilustradores que han trabajado o no en conjunto, pero cuyo resultado son libros de un gran nivel de sensibilidad, exquisitos, enternecedores o perturbadores. Y es necesario aclararlo: todo esto es posible gracias a que la imprenta apareció y poco a poco el pueblo se acercó a la lectura (en sus caras religiosos) y a su vez, nos permiten tener obras de arte en la biblioteca de nuestras casas, porque hay mucha gente (y nos incluimos) que considera a estos libros como tesoros y es sobre ellos de quienes vamos a hablar.


Autora: María Belén Michelangelo, estudiante de Letras en la Universidad de Lomas de Zamora.

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