Libros que tus hijos deberían leer – Laura Fernández

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Podría decir que la inclusión de la siguiente obra en esta lista no tiene relación con que haya sido el primer libro sin dibujos que leí, ni con que haya devorado cada tomo al menos 4 veces. Podría decirlo, pero estaría mintiendo. Se trata de una obra queridísima para aquellos que crecimos en los ’90/ ’00, lo cual no es poco decir: bombardeados constantemente por Nickelodeon y Cartoon Network, decidimos por voluntad propia sentarnos a leer. Y no como lee un adulto parsimonioso mientras fuma su pipa, sino como chicos: voraz y desenfrenadamente, llenos de ansia, volviéndonos parte del mundo del que se suponía sólo fuéramos testigos.

Harry Potter – J.K. Rowling (1997 – 2007)

Me gusta atajar preguntas antes de que sean formuladas. “¿Cuál de los siete libros es el que vas a recomendar?”, se preguntarán. ¡Pues todos, claro está! El orden no es relevante: su fiel servidora comenzó por el tercero a la tierna edad de 9 años, continuó por el cuarto y quinto, siguió con los dos primeros y contaba con 19 años y el comienzo de una carrera universitaria para cuando llegó a los últimos dos. Considerando que la lectura de estos libros ocupó buena parte de los años decisivos de mi formación, es de esperarse que mi apego a la obra sea, cuanto menos, poco objetivo. Haré el intento de que mi recomendación sea interesante y no ES TAN GENIAL AGUANTE HERMIONE SNAPE #ALWAYS.

Vayan al baño porque esto viene para rato.

En primer lugar, Harry Potter presenta un mundo que, si bien retoma y parodia muchos elementos de nuestra realidad, construye una compleja lógica propia con la que se nos familiariza poco a poco. En esto el personaje de Harry es fundamental: él es mucho menos “el elegido” y mucho más un dispositivo narrativo que nos permite descubrir de su mano el intrincado mundo del que comienza a formar parte. Harry es un personaje impecablemente construido en cuanto a este propósito. Un poco gótica, un poco policial, Harry Potter presenta en cada libro, a grosso modo, una estructura que se repite: Harry llega al colegio, algo inquietante ocurre, luego ocurren otras cuantas cosas inquietantes, Quidditch, cosas inquietantes, y Hermione llega para conectarlas a todas en un desenlace que, casualmente, siempre tiene a Harry de protagonista. La estructura de la trama, el suspenso sostenido y el revelador desenlace con el misterio explicado y el día salvado serían imposibles con un Harry que entiende el mundo en el que se mueve, que se identifica con una heroicidad que le fue impuesta, que tiene una compresión más sofisticada de la sociedad de que forma parte y un conocimiento acabado de su pasado. Pero Harry es despistado, no comprende, es muy frecuentemente anti-heroico y su narrador omnisciente elige muy convenientemente mantenerse cerca suyo, entregándonos información a cuentagotas. Y así lo necesitamos para descubrir junto con él un mundo del que, al igual que nosotros, forma y no forma parte a la vez.

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Hablemos de valores. ¿Por qué no? Si hay algo sobre lo que Harry Potter nos enseñó, fue sobre lealtad y valentía. El hecho que da inicio a toda la historia se trata de padres inmolados para proteger a su hijo. Esto marcará la pauta para toda la serie hasta el dramático final de Snape: cada libro está plagado de personajes que, incluso con dudas y miedos, lo dejan todo, no por ideales (nunca por ideales), sino por alguien en particular. Por amor. La correctísima Hermione rompe las reglas por sus amigos, Sirius Black se mantiene prófugo por su ahijado, el resentido Snape dedica su vida a cuidar al hijo de su gran amor y su enemigo, el solemne Dumbledore se humilla por su protegido, y un largo largo etcétera. El contrapunto moral por excelencia, Colagusano, es en cambio el traidor hombre-rata (literal) que sirve a Voldemort por miedo a perder una vida que no vale la pena vivir.

¿Querían política? También hay. A medida que pasan los libros nos enteramos cada vez más del entramado perverso que yace detrás del alguna vez encantador Ministerio de Magia. Funcionarios déspotas y sociedades secretas de resistencia toman cada vez más presencia a medida que la saga avanza. También la esclavitud se vuelve un tema de discusión cuando Hermione protagoniza de manera unipersonal un movimiento por la liberación de los explotados elfos domésticos. Hasta se nos pone marxista cuando dice “¿Te das cuenta de que quien cambia las sábanas, enciende las chimeneas, limpia los salones y prepara la comida es un grupo de creaturas mágicas mal pagas y esclavizadas?”.

Castillos, personajes raros, misterios a resolver, creaturas míticas, rebeliones, batallas épicas, villanos, villanos no tan villanos, héroes inesperados, locos incomprendidos, locos de verdad, mártires, complots, sarcasmo, personajes femeninos fuertes… Harry Potter tiene todo lo que quieren las wachas. Bueno, no, pero sí tiene todo para hacer de cualquier chico un ávido lector. Si no me creen, miren lo que le hizo a toda una generación. Y no es casual que el lector inaugurado por Harry Potter no haya abandonado la lectura: aunque fuertemente alineado con el género juvenil/adolescente, Harry Potter abarca conceptos tan complejos como el racismo, la manipulación mediática, los gobiernos dictatoriales, las categorías de realidad y la división de clases, siempre desde múltiples perspectivas, frecuentemente adentrándose en cuestiones filosóficas, políticas y psicológicas, y todo eso sin menospreciar jamás a sus jóvenes lectores.

Una obra amplia, detallada, llena de personajes y lugares excéntricos y que, sin embargo, tiene en su centro el desarrollo de un niño convirtiéndose en adulto, como un “muggle” cualquiera.

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Frase destacada: “¡A mi hija no, perra!”. Gracias por tanto, Molly.

Argumento ante posibles quejas: El señor y la señora Dursley, que vivían en el número 4 de Privet Drive…


Autora: Laura Fernández, estudiante de Letras de la Universidad de Lomas de Zamora.

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Un comentario en “Libros que tus hijos deberían leer – Laura Fernández

  1. Juan Carlos Vanni Romero.

    Realmente el artículo está muy bien escrito. Debo reconocer que jamás he leído un libro de Harry Potter. Honestamente nunca supe de que trataba, hasta la lectura de este artículo. Me han llamado la atención los distintos matices que tiene este libro en cuanto a los componentes morales y políticos que nombra la autora. Todo lo que yo imaginaba y suponía sobre este libro particularmente se ha desvanecido luego de leer este artículo. Lo que quiero decir con esto es lo siguiente: para conocer la sustancia de una obra, primero hay que llegar a ella. Por ende, yo tenía pre-conceptos erróneos sin haber leído una sola línea de este libro. En consecuencia, el artículo en mi caso, ha quebrado ciertos prejuicios míos. Por último, debo destacar la forma en que está escrito el artículo, teniendo como referencia el paralelismo de la vida personal de la autora con la obra y fundamentalmente la dosis de humor que rompe con toda aproximación de solemnidad durante la lectura. “La calidad de lo que uno comprende, depende de la calidad de la persona que escribe”.

    *Comentario editado.

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