Deseo – Jacqueline Nair Bonelli

Prefacio

En el comienzo del Planeta Tierra vagaban el Amor, el Odio y el Tiempo. Comenzando a dar origen a la vida y poblándola día a día, todos los procesos naturales se sujetaban al tiempo y las relaciones sociales del amor y el odio.  Un día Amor custodiando un bosque se encontró ante una joven de hermosa y gris cabellera, con piel blanca y resplandeciente, se olvidó de su tarea y en vez de ayudar a la triste Soledad a que encontrara un acompañante para seguir manteniendo el orden de esta tierra, tomo a la muchacha y le pareció una buena idea que el Tiempo estuviera acompañado.


Érase una vez una estrella que rogaba siempre al sol que la dejase desprenderse de su constelación para poder ver mejor a quien ella llamaba Amor.

Érase una vez una radiante estrella caprichosa que deseaba encontrar a su amante de actitud galante para compartir con él el resto de sus días y que juntos cumplieran todas sus fantasías.

Érase una vez  una estrella que mientras el sol dormía voló a la tierra con osadía, para encontrar a quien una vez fue el amor de su vida, pero lo que ella no sabía era que las estrellas no nacen para estar un planeta y sólo del cielo se sujetan. Fue así que,  mientras descendía en el aire, se transformó en una simple mortal y yació inconsciente sobre un pastizal.

Cuando recobró el conocimiento ante sus ojos se encontraba un gran palacio en el cual se veía un gran cartel que llevaba escrito:  Horloge. Este lugar tenía una particularidad estaba construido con vidrio y bases de madera y desde afuera se podía observar como rebalsaba de arena. Estrella pasó entre las rejas y rodeó todo el lugar con asombro hasta encontrar por detrás una pequeña puerta, sintió debajo de sus pies algo que le molestaba, era de color brillante pero un poco tostado y estaba esparcido por todos lados, a medida que caminaba sus pies ya no se veían  de pronto se chocó contra una gran barrera que dio tal resonancia haciendo vibrar todo el lugar y seguido de esto se oyó un grito:

– ¿Quién se atreve a molestar la paz del Rey? Le recuerdo a quien sea que esté dentro que nadie es bienvenido y si atraviesa la puerta será absorbido.

Estrella escuchaba escondida, pero nada le importaba: todo lo que ella  estaba buscando al parecer se encontraba detrás de esa puerta. Inspeccionó cada detalle de aquel Rey y le pareció que estaba bien, que era un buen candidato para amar, aunque era algo tosco y difícil de tratar. Estaba todo cubierto de arena hasta la cintura y en su mano tenía una lista muy larga, levantó la vista y lo que vio le había encantado (y si, encantado estaba por un designio de Amor pero grandes consecuencias le traería).

Ella atravesó la barrera, él se acercó y un desfile interminable de pasión y abundante frenesí selló lo que sería un amor imposible.

Un rayo incandescente de un matiz anaranjado irrumpió, apartando a Estrella,  condenándola por su irresponsabilidad, reprimiendo su libertad y prohibiéndole siquiera a La Tierra mirar; advirtiéndole que, si lo hacía, su vida podría acabar. Por siglos y siglos, todas las noches ella soñaba despierta esperando un reencuentro, reviviendo el único recuerdo que tenía. Cansada hasta el hartazgo, esperó a que el Sol escondiera sus puntas y la Luna quedara a cargo del cielo, se envalentonó y una vez más apareció en La Tierra.

Ésta vez el palacio estaba custodiado nada más ni nada menos que por Odio, quien le advirtió que el Rey, luego de aquel encuentro tiempo atrás, se había vuelto perfeccionista, riguroso y malvado, que lo pensara muy bien antes de poder entrar. La ingenua Estrella con ímpetu se adentró y lo vió, encadenado en el trono, leyendo en voz alta innumerables cifras cronológicas. Ella seguía caminando hasta él, pero Tiempo no la veía, cinco pasos de distancia y él ni siquiera se percató de su presencia, no había oído sus pisadas. Se acercó aún más y tocó su mano; él, enfurecido, la empujó haciendo que cayera en la arena, y en todo el salón resonaron sus palabras:

– Te odié amándote y te amé odiándote, todo el mundo y su estructura dependía de mí hasta tu aparición, y me pareciste el mundo reunido en todo su esplendor, tus ojos desbordando entusiasmo como un volcán, tu piel suave como una superficie marítima, tu boca como una flor naciendo en primavera, eras perfecta y el impacto que causaste me enloqueció. ¡Eso sucedió! Enloquecí y no hay cura, todo desde que te fuiste se esfumó, se desbordó, se desordenó, se vació, así como mi vida y no pude superarlo, es por eso que me encadené a cumplir con mi trabajo, te necesitaba pero ahora ya no, ya es tarde, si tengo que elegir entre vos y este mundo estoy condenado a  elegir este mundo…

La ilusión de Estrella había desaparecido, era increíble: ningún amor de una solo día perduraba tanto como el de ellos.

– Yo tampoco tuve opción, y todo lo que hice durante estos siglos fue pensar en vos, en este momento decidí que es inútil vivir y no amar,  estoy arriesgando toda mi vida a pesar de no ganar, fuiste todo lo que deseé en mi vida y mucho más.

Tiempo extendió su mano para acariciarla, pero la inconformidad de los amantes hizo que una caricia se transformara en un beso, y de un beso que los aprisionó liberando todos sus sentimientos concibió a Deseo…..

Luego una lágrima, una sigue a la otra y la otra en continuidad de otras tantas en la tierra llueve y en el cielo esta noche una estrella se apagará por haberlo dado todo por amor, a causa de su necedad.

Él, asomado a un ventanal, se une intuitivamente en llanto al ver la lluvia, cada lágrima salpica la arena humedeciéndola y así mismo las paredes. Todo es cubierto por esa mezcla de arena humedecida, alcanzando  una habitación contigua.

Cubierta de una túnica negra, con Deseo en brazos, Soledad huye de la habitación, susurrando:

-Al fin voy a poder brindar todo lo que tengo para dar. Fuiste lo mejor que tus padres me pudieron dar.

Esta noche una estrella sin luz,  por aventurarse a amar, con su vida acabará.

Érase una vez una estrella noble e ingenua, que por amar perdió la cabeza y también su vida pero que no se arrepentía de así haber conocido la vida y cumplir el anhelo de tener una familia.

Érase una vez una estrella que fue leyenda y hasta el día de hoy en la mente de su amado vive. No la olvida.

Érase una vez una estrella que marcó dos vidas.

FIN.


 

Autora: Jacqueline Nair Bonelli

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