Ahora que estamos en verano- Ruben Guerrero

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Los broches

Ponía los broches sobre la ropa de manera que tres broches

abarcaran tres prendas y media.

Distribuía todo

éramos cinco y no sobraba nunca

nada.

La mermelada de la tarde, los cinco en la mesa, el televisor encendido

ella distribuía el pan, el mate cocido

y ninguno

de los cinco

hablaba

porque no pensábamos en que la falta era un impedimento,

no pensábamos en eso.

El mundo era

ella

distribuyéndolo todo .


Plástico negro

Voy

en colectivo a la casa de mi vieja,

entro al barrio y recuerdo que nadie esperaba nada de mí, ni siquiera ella. Desde el portón veo a mi vieja sentada al sol

en una silla de plástico negro.

Mi vieja me dice hola.

Mi vieja me dice me olvidé,

me olvidé de que hoy venías.

Mi vieja se olvidó de que hoy iba.

Mi vieja no tiene leche para el café con leche.

Voy a comprar la leche

al mismo almacén al que iba cuando era pibe

pero hoy voy con plata. Por favor. Mañana le pago.

Decía el papel con el que mi vieja

me mandaba a comprar.

 


Vapor

Fui hasta la carnicería.

Compré 4 milanesas de pollo para comer hoy.

Las pongo al horno para que cuando llegue ella estén listas.

Abro una cerveza. Ella entra y pasa del silencio a la música como una campeona.

Hola, me dice, que rico olor, y me da un beso.

Me voy a bañar así me saco el día de encima, me dice y toma de un trago la cerveza que queda en el vaso. Me llama desde la ducha, me pide que me acerque, que me acerque mientras se baña, que le gusta hablarme mientras se baña.

Entro al baño y la escucho cantar.

Me empieza a contar cosas de su trabajo,

que tiene algunos compañeros chupa sangre, como hay en cualquier laburo, que trabajar atendiendo gente le quema la cabeza.

Me habla de su día

y el vapor que sale desde la ducha empieza a humedecer las paredes. Ahora vengo, le digo, voy a dar vuelta las milanesas. Dale, lindo, me dice y vuelve a cantar

la misma canción.


Autor: Rubén Guerrero.

En breve por Zindo & Gafuri ediciones

Gigante mamífero bordó sin vida – Daniel Arana 

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Esa música lo retrotraía a tiempos pasados y remotos. Tiempos del olvido escondidos en los oscuros rincones de la memoria. Se dormía. El libro, que ya se tornaba insoportable, se deslizaba por sus manos como una serpiente. Se caía al suelo y esto lo sobresaltaba. La música cabalgaba el espacio de la oscura habitación. La baba pendía indecisa de abandonar el cuerpo que le dio vida.

Música, libro y silencio.

Las paredes desaparecen. El paisaje esta vez es abierto. Se encontró mirando una cúspide nevada que le heló las entrañas. El viento zumbaba por entre los arboles y le corría una carrera al tiempo que como siempre le ganaría por perseverante. Ahí estaba inmóvil en esa húmeda habitación con el libro que, lentamente y con parsimonia, giraba su página. Nunca creyó estar así sentado en la cumbre de su vida leyendo un largo libro de aventuras inverosímiles. La orquesta a pleno como en sus viejos tiempos. Se trasladó momentáneamente a la sala de conciertos, pero una señora de ésas que nunca faltan, despachó con desprecio: “Ah… música moderna”.

60 abriles y contando. Sueños encausados por el río de la vida de estrecha margen y escaso cauce. Se recostó para sentir la tierra latiendo bajo su espalda. El llamado de las hierbas que tantas veces desobedeció. Sueño. Luna negra asoma por la ventana. El ardid de la noche lo envolvía y lo engañaba como tantas otras veces. Una estrella le guiñaba el ojo con su luz tal vez ya muerta hace siglos.

Solos el hombre, la música, el libro y el universo infinito. Seguir leyendo “Gigante mamífero bordó sin vida – Daniel Arana “

Día del libro – Camila Mareco

23 de Abril Día del libro

Para uno mismo, ¿qué significado tiene un libro? Para muchos es sólo un objeto con páginas sin ningún valor. Hay otros que van mas tranquilos en lo que a la lectura se refiere. Pero para algunos, un libro es como un amigo incondicional. Y yo me identifico más con esta última opción.
Los libros ayudan al lector a escapar de la realidad, aunque sea sólo por un momento. Los libros nos transportan a mundos totalmente increíbles. Ellos nos hacen soñar hasta con las cosas más descabelladas. Nos adentran a historias con las que a veces sólo podemos imaginar, o con las que a veces nos encontramos en la vida misma. Para uno, un libro puede significarlo todo, o puede que no signifique nada.
En los libros también encontramos el amor. ¿Acaso es posible que un lector no se haya enamorado de algún personaje ficticio alguna vez? Por supuesto que no. Es que simplemente eso no pasa. La mejor parte de ese amor ficticio es que nos enamoramos de la manera en que piensa ese personaje, nos atrapa su esencia. Y eso, según pienso, vale mucho.
¿Nunca les pasó que se identificaron con algún personaje ficticio, que ese personaje los comprendía más que cualquier otra persona en el mundo? Es muy probable que eso haya pasado. Así uno nunca se siente solo.
Nos adentramos en la vida del personaje y vivimos junto con él todos esos momentos que debe enfrentar. Será por eso que dicen: “Aquel que lee vive muchas vidas, sin embargo el que no lo hace, sólo vive una”.
La lectura es algo sencillamente lindo. Leer nos cambia. Leer nos hace libres.

Un feliz día del libro.


Autora: Camila Mareco

Tarde de café, música y literatura

¿Debe el escritor del Conurbano adornar sus textos con autos Fiat Duna remiseros o acaso deberían ser nuestros acallados camellos? ¿Es el insomnio de un joven de Temperley un disparador para pensar en la literatura del Conurbano? ¿Sabe distinto el café que tomamos en los fríos pasillos de una universidad rodeada de campo? ¿Son nuestros magros bolsillos el combustible de incautas reflexiones de lomos transpirados?

El día de ayer se llevó a cabo la primera edición del café literario de “Literatura Errante”. Sabíamos que teníamos el café, sólo nos faltaba saber si habría ocasión para la literatura. Ustedes vinieron a ofrecernos sus versos y, entonces, todo fue disfrutar. Seguir leyendo “Tarde de café, música y literatura”

Poemas – Miguel Ángel Díaz Carrillo

Escarabajo de penumbra
sótanos escabrosos
luz negra
enciende el olor de oscuro
Paredes oscuras
colores oscuros
Verde vegetación oscura
lámparas oscuras
cuerpos oscuros
entierros oscuros
corredores oscuros
lagartijas oscuras
dentro todo oscuro

Pasillos
Ventanas
Cuartos

Pálida
mortuoria
visita de
duendes, de nubarrones
Huracanes
Todo oscuro
lleno
oscuro.
¡Marrón!


 

One
Two
Tree
el payaso salta
el lincoln avanza
la tuerca cansa
el reloj atrasa
viene el Unit Fruit
barre bananas
Corporation Minerals
lleva cobre
la sangre, con polvo
del minero, estornuda rinocerontes de venenos
Su mano seca
de higo
llena de leche amarga
el rostro de la crianza
enmohecida
Como en un bazar
sus huesos se reparten
Doy 5 pesos
3 pesos ¡No! Yo doy más


 

Autor: Miguel Ángel Díaz Carrillo (Barranca, Colombia) – Río de Janeiro 1982/83

Cero a la izquierda – Daniel F. Arana

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Nunca supo muy bien  cómo comenzó, pero lo que sí comprendió enseguida, era que algo había pasado, que ya su vida no sería la misma. Él era un hombre de los que comúnmente llaman “normal”, sin entrar en consideración sobre este término ni sobre la diferencia con lo “natural” y la tendencia a homologar los significados que se tiene desde algún lugar de poder. Normal en esta sociedad, en el sentido del trabajo, de la oficina, de la rutina; bueno, de todo eso que hace que algunas personas parecieran no sobresalir del resto pero que, en casi todos los casos, tienen algo que decir, que contar, y en otros casos más extremos, estallan en ataques de pánico, brotes de cólera violentos o en terribles depresiones suicidas. Hoy en día eso es lo normal, eso es lo que nos ha quedado de mundo; una masa inerte pero con una energía potencial capaz de estallar, ya no colectivamente, sino en forma individual y de manera de poder ser tratados como pequeñas anomalías de la sociedad, en beneficio de los laboratorios de psico-fármacos y de toda la comunidad de psicólogos y psiquiatras. En fin, normal y punto.

Este narrador, junto con el protagonista, no recuerdan cuando sucedió que la gente lo empezó a dejar de lado, a no darle importancia, pero no en cuanto a la valoración de capacidad o algo similar, sino simplemente a no darle “bolilla”, a parecer como si él no existiera para el mundo. Todo el que lee estas líneas debería (si tiene ganas) preguntarse qué es no significar nada para los demás, pasar totalmente desapercibido, saber que levantarse a la mañana no trae ninguna consecuencia, no significa nada, ni para uno mismo ni para los otros. Peor que un cero a la izquierda, pues éste tiene un dicho, está inmortalizado en el habla popular. Tal vez algunos cráneos de la comunicación, si se detuvieran un segundo a pensar en este tipo de exclusión, generalmente económica pero también las hay de otros tipos, se explicarían muchos más aspectos de lo que ellos llaman la violencia social o de la sociedad. No ser nada de repente, hiere como el cuchillo más cortante y sangra en demasía, no ya la piel, sino el cerebro, los ojos… Empieza desde adentro y recorre todas las venas y arterias, corroe y oxida el ser. Algo parecido sentía nuestro protagonista. Seguir leyendo “Cero a la izquierda – Daniel F. Arana”

Escribir(te) – Dolores Emilia San Pelegrini

Me gusta escribirte porque siento que aunque jamás lo vayas a leer, tengo una sencilla (pero no por su simpleza, deja de ser sentida) forma de llegar a vos, si es que aún no lo hice con la intensidad con la que te miro, forzándome al disimular poco espontáneo que irradio.
Me gusta escribirte porque siento las palabras, que van naciendo de mi boca y luego pasan al papel; que por cierto, se disparan del silencio de mi alma y jamás han de pasar por mi boca. Me corrijo. Percibo que todas esas palabras -las cuales bailan para invitarte al desafío imaginario de una extraña complicidad- te hablan y te solicitan que las escuches, que las atiendas. Te condenan al olvido de lo que jamás ha de ser dicho, aunque quisiera, aunque arañen las ganas de que me leas.
Me gusta escribirte porque te alcanzo… Inválido, intacto. Porque te veo en cada hoja vacía, que me invita a crearte en algún que otro tramo. ¡Y soy tan vulnerable! ¡Dios mío! Que me convenzo de que es ideal escribirte ¡claro que sí! y tocarte entre lapiceras pero…
¡Me gusta escribirte porque es una estúpida excusa para justificar que no puedo tocarte en tramos tan ingenuos, que no alcanzo a olerte siquiera!
¡¡Porque no puedo!! Si jamás hablamos, si ocultados ya en la coexistencia más oscura… Finjo que te escribo, como si lo esperaras cada día, cada noche, cada entierro para renacer; una y otra vez, pidiéndome a gritos ¡POR FAVOR, DOLORES, ESCRIBIME!

Autora: Dolores Emilia San Pelegrini, estudiante de Periodismo en la Universidad de Lomas de Zamora.

“En reposeras, descalzos” – Juan Ignacio González

13

Salimos a fumar al patio,
estaba lleno de plantas
tenes mano verde,
dijiste y sonreías
después
las dudas de siempre.

20

Se hacían las siete
te fui a buscar
medio borracho
sin saber muy bien por qué
toque timbre
nos abrazamos
y eso fue lo último

era un domingo.

1

Tarde de otoño,
la luz justa.

4

En un balcón
ella le lleva unos años
y están sentados
en reposeras
descalzos
sus pies
piden permiso para esquivarse
hablan de lo difícil que es dejar de fumar
cuando se tiene una cena con amigos.

15

Anochece
Llueve intenso hace tres días
la ropa sigue sin secarse,
en la casa nada escapa a la humedad
hago un mate e intento escribir
pero
la alarma de un auto
empieza a sonar, suena, sigue sonando
y suena durante horas
miro por la ventana
es un auto estacionado en la vereda de enfrente
nadie aparece
salgo a la calle desesperado
quiero patear el auto, pienso agarrar un palo, podría patearlo
no lo hago
vuelvo a casa
me echo en la cama
y me tapo los oídos con la almohada.


 Autor: Juan Ignacio González

Nació en Adrogué, provincia de Buenos Aires. Vive actualmente en Caba.  Es egresado de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD) de la Ciudad de Buenos Aires. Editó recientemente su primer libro “En reposeras, descalzos” en la editorial Zindo & Gafuri. Se ha desempeñado como director y actor en distintas obras teatrales. Actualmente dirige “Con el mar tal vez un poco” en el Abasto Social Club (recientemente premiada con el 3er lugar por el Fondo Nacional de las Artes en el concurso de obras inéditas). También conforma la agrupación musical “Los aviones van”. Forma parte dos programas (que articulan la lectura y la escritura con el resto de las artes) en el Ministerio de Educación de la Ciudad. Su perfil polifacético lo hace explorar y vincular los distintos lenguajes artísticos.

Juan

 

Poemas – Miguel Ángel Díaz Carrillo

La maquinaria establecida
busca
procura
Anuncios
Se busca

Documento de identidad

Firmas
sellos
pasos de detective

La muerte del video
la búsqueda feliz
el ataque esperado
arrasado
envuelto en tropas
tropas de carne
ávidas de sangre
moluscos dirigiendo
voraces escualos
de mirada fría
esquelética

Puñalada
tiro
degollado
torturado
Placer de pisotear
y hacer comer tu materia fecal
¡Sangre de violación anal!
Te cubren a martillazos
La cabeza duele
duelen tus manos
las huevas masacradas
heridas por rayos eléctricos
la sonrisa apagada
apaleada por cerdos.


 

No hablan
no piensan
no sienten
no abrazan
no culean
no comen
no mastican
no duermen

Caras iguales
iguales
Espejos de ojos
iguales
iguales
Mandarines  iguales
Iguales
Paja enlutada
Casa de lata
puerta negra
negra de asfalto
Negra
Negra de miseria
miseria de lombrices
Miseria de pan
pan duro
seco
Hambre, dolor,
nada
nada
el ingenuo paso de sostener huesos
y carne


 

Autor: Miguel Ángel Díaz Carrillo (Barranca, Colombia) – Río de Janeiro 1982/83