Rodolfo Reyes Macaya-La proximidad del tsunami

La proximidad del tsunami

[4]Enfundas tus manos en el abrigo

acariciando una fotografía

en su reverso dice Valdivia 1960

Alguien podría pensar

en olas que no fueron hechas por el viento

cartas mojadas

amantes arrasados en acción

hombres que buscan a sus hijos entre cochayuyos

lobos de mar deambulando por las calles

una anciana con su gato a cuestas

Estamos muy solos

para darnos el lujo de permanecer quietos

Una imagen ya no es un soporte de memoria

sino una resignación

La naturaleza no es amable, decía Lao Tsé

trata a los hombres como a perros de paja

En realidad tu foto nada tiene que ver con eso

Como toda plenitud es ambigua

dice Valdivia 1960

pero fue tomada en Pichilemu 1994

En ella dos niños corren frente al mar

Semillas de cardo

[1]sombras recortadas por la bruma

haciendo dedo a las 6 a.m.

veo nuestras caras

como dibujos de niño

sobre la pared

era insomne entre zancudos

cuando seguí sus pasos no tenía sitio adonde ir

olvidé su nombre

ella era una hoja arrastrada, adicta al sol

al borde de una acequia

frotaba sus manos y luego encendía

una colilla contra el viento

donde nací, le dije

solían poner cuerdas para sostenerse

de las ráfagas

la ciudad fue un espejismo

y sus miles de alternativas

un puñado de ramas

que dan mucho humo y poco calor

en el fuego, dijo ella

[2]4 a.m. la calle

silenciosa

la garúa moja las ramas torcidas

no me sé los nombres

de los árboles

hace días que no veo a nadie

leo a Séneca

sobre una mesa de madera

sin calefacción

[3]mirar el vuelo de una polilla frente a la pared

tomar aire para contar algo y no contar nada

oír cosas lindas

¿es algo que merecemos?

quien esperabas está aquí y quiere hablar contigo

no habrá días grises

eso no pasa en esta historia

unas sabanas agujereadas por el pucho

ondean en la azotea

[4]que mis recuerdos me sonrían

me vuelen la tapa de los sesos

la contigüidad entre las cosas y el vacío

era hacer una fogata junto un sillón desvencijado

encontrar la cabaña, quitar los postigos

el polvo y las ratas fueron amables

en compartir su hogar

[5]desde mi ventana se ve un árbol

en la noche dibujo mensajes sobre el cristal

trato de moverme lo menos

es un código, palabras para nadie

créanme, funciona

[6]si el cazador que ha dejado de cazar

sabe que el paisaje publicitario

gobierna sus renuncias

¿qué hará en medio del bosque

cuando no tenga a donde ir?

¿sabiendo que podría no volver

encontrará un cielo para dormir su siesta?

¿a cuál de sus amigos le pedirá

regar las plantas?

[7]esperé que llegaran más visiones

esperé la caída del granizo

una noche te acercaste

a oscuras mientras te quitabas el blue jeans

cerré los ojos

y te vi cruzando un campo de trigo

[8]una tarde te descubrí llorando

frente a una colmena sin abejas

nunca seremos eternos, me dijiste

pero podemos fingir que un gesto se repetirá

cuando nos vayamos

como un sembradío

acariciado a toda hora por la brisa

la tristeza nace de lo múltiple

y si no fuera por el susurro de los grillos

el silencio sería total

[9]medio cubierta por una sábana

me hablabas sobre la forma

que tiene el yacaré de cazar:

inmóvil, abierto el hocico

hasta que pase algo

[10]contemplé las nubes

que venían de la costa

supe que era el fin del verano

y las heridas

que debíamos curar

aún no cerraban

el zumbido persistente

que oigo por las noches

es el de aquella chevrolet luv

que nos llevó hasta el cruce de caminos

al fragor de la cumbia

la memoria es parte del olvido

o una telaraña sobre el litre

[11]te quedaste

en un servicentro

haciendo crucigramas

comiéndote las uñas

como semillas de cardo

el viento nos expidió

en distintas direcciones

el sol se puso

me acurruqué en el pasto

mientras camioneros

contaban bichos

reventados en el parabrisas

como si fueran señales

de algo mejor

[12]ahora oigo el crepitar de mi aliento

dos paquetes de fideos en la despensa

la misma ropa todos los días

un mendigo dirige el transito en la lluvia

para cultivar la humildad del kril y quemar pastizales

arroja una piedra en el pasado

[13]el mundo se nos va a escapar

cuando queramos entregarlo todo

una vez que veamos nuestras heridas

volverse cicatrices, el viento nos esparcirá

como a semillas de cardo

Nota: Rodolfo Reyes Macaya nació en Punta Arenas, Chile, durante el año 1988, pero creció en Santiago de Chile y más tarde vivió en Buenos Aires, Argentina. Estos poemas forman parte de su libro La proximidad del tsunami (Zindo&Gafuri. 2015).

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